miércoles, septiembre 05, 2007

O Dia do Desespero, de Manoel de Oliveira

El trote de una rueda de calesa, el golpeo de las ramas sobre una ventana en sombras, la amenaza de altos árboles sobre una mente agitada... Angustiada. Desesperada. Las cartas se recitan con la sobriedad de una vida que se acaba, sin retórica, sin ornamentos, convirtiendo la tierra en poesía y la sangre, la víscera sugerida, en radical elixir.

Manoel de Oliveira, que en estos días presenta su última película (Cristovao Colombo-O enigma) fuera de concurso en la Mostra de Venecia, nos dejó hace ya quince años una precisa y preciosa obra de cámara con la que fue capaz de explorar, en 75 minutos escasos, tanto los límites de la representación y la capacidad del cine de afrontar materiales heterogéneos, como la fe y la resistencia humana ante la inminencia de la muerte. Todo ello, por supuesto, con el habitual rigor, pulso firme, ironía y culto a la belleza del director portugués.

Oliveira se traslada a las postrimerías del siglo XIX para contarnos (¿o más bien pintarnos, como un Rembrandt contemporáneo?) el último año de la vida del escritor Camilo Castelo Branco. Se vale, para ello, de las cartas que escribió en esa época el propio autor, recitadas en directo o en off, adecuándose al contexto en que se mueva la película, bien en el terreno de la recreación, bien en el del documental. Porque a lo largo del metraje se van alternando partes en las que los propios actores se presentan como tales y van desgranando (con una ligereza que puede sorprender ante la gravedad de los temas tratados: marca de la casa de Oliveira) la vida del escritor, con otros momentos en que el cine se pone la máscara y se disfraza para hacernos ver corpóreamente al propio Camilo Castelo Branco. De esta manera, Oliveira desarrolla una película sin más derivas ficcionales que las propias cartas del escritor, dándonos a entender que cualquier material es válido como vehículo para el auténtico cine, reivindicando su verdadero poder sin renegar de ningún aspecto de la realidad artística. En esta línea siguió trabajando el portugués los años sucesivos, culminando la idea poco después en su fundamental y nada complaciente Inquietud, película única y triple al mismo tiempo que desmonta cualquier tipo de prejuicio sobre la naturaleza de las historias y la necesidad de las artes de comunicarse reivindicando, al mismo tiempo, su propia autonomía.



Pero podemos ir más lejos en el homenaje que Oliveira rinde al cine si nos fijamos en la anécdota argumental que se desarrolla a mitad del film, y que no desvelaremos aquí porque todo el que haya visto la película tendrá en mente. Lo que se nos viene a decir es que no hay vida si no hay imagen, algo extrapolable al propio director, que demuestra película a película que el día que deje de filmar no le quedará nada por hacer más que sobrevolar hacia el reino de los muertos. Por esta razón puede que se trate, además de una reivindicación de la "imagen", de una de las películas más personales de la amplísima filmografía del realizador, y la fuerza que desprenden sus imágenes, el lirismo con que compone cada plano (lirismo en el sentido más alejado de lo cursi que podamos imaginar) trasciende la narración y las propias cartas de Castelo Branco.

Y por supuesto, también tenemos la angustia ante el final de la vida (la invalidez se ve como una defunción anticipada), la impotencia ante el deseo de la muerte, la necesidad de una excusa para dar el paso que nos acobarda, la soledad provocada por el propio deterioro, el ansia por sentir a nuestro lado a quien creemos más cerca de nuestro espíritu, el silencio de Dios, la fe, la vida, la muerte, tantas y tantas cosas que se dicen en tan poco tiempo... Sin olvidar, claro está, cómo nuestra agonía es la agonía de los que nos acompañan.

Oliveira es inmortal. Al menos parece inmortal. Y lo será mientras lo sigan siendo sus películas.

11 comentarios:

Carlos dijo...

Absolutamente maravillosa, estamos ante la obra (o una de ellas) más straubiana del maestro portugués. ¡Larga vida Oliveira!

Daniel Quinn dijo...

Así es, totalmente de acuerdo. En la película parece que Ana Plácido siguiera la estela de la straubiana Ana Magdalena Bach. A ver que nos cuentan mañana las crónicas de la nueva peli de Oliveira. Permaneceremos atentos a Manu Yáñez en Otros cines, que es la fuente más fiable, mirando de reojo a Sergi Sánchez.
Un saludo.

BUDOKAN dijo...

Siempre me pareció un director que apesar de sus edad posee una energía prodigiosa para poder seguir en la batalla cinematográfica. Saludos!

Daniel Quinn dijo...

Saludos, Budokan!

Acaban de decir en Días de cine que la peli de Oliveira ha sido lo mejor de la Mostra de largo, esperemos que haya suerte y la estrenen pronto. El reportaje de Venecia ha sido bastante prolijo, pero me sorprende que no hayan dicho absolutamente nada de la de Rohmer. Imagino que hablarán de ella la semana que viene, con la clausura; lo contrario sería un disparate.

Y respecto al estreno de Los amores de Astrea y Celadón..., pues sí, se ha estrenado muy pronto, lo que nos alegra a todos, pero parece que sale con poquísimas copias. En Madrid, por lo que he visto, ¡¡está en un solo cine!! Y es el consagradísimo Rohmer, con su público fiel de tantos años... En fin, no lo entiendo; hay que estrenar pronto, pero hay que estrenar bien. Con una copia en Madrid no se va a ningún sitio, porque si aquí está así la cosa no quiero pensar lo que será en el resto del país. Una pena. Al menos, los que vivimos en una ciudad grande tenemos la enorme suerte de poder verla.

Un saludo!

Ces dijo...

Buenas!

Han publicado esta mañana en El País una pequeña entrevista a Rohmer acerca de su nueva película.

Aquí dejo el link...

http://www.elpais.com/articulo/cine/ruedo/exitos/tengo/publico/fiel/elpepuculcin/20070907elpepicin_3/Tes

Saludos!

Daniel Quinn dijo...

Gracias Ces! Vamos a ver qué se cuenta. De momento la crítica de Javier Ocaña es mala, igual que la de Enric en Venecia, la de Boyero, la de Oti, la de la Guía del ocio... Entre eso y lo que dijeron Manu Yáñez y Sergi Sánchez las perspectivas no pueden ser mejores... Por cierto, hay discrepancias en la cartelera madrileña; según unos medios sólo está en el Renoir Plaza España, según El país sólo en el Princesa y los de Méndez Álvaro... Habrá que probar suerte esta tarde.

Un saludo!

Carlos dijo...

Estaba asustado...buff... ¡qué respiro! Menos mal que aquí también se ha estrenado XD.

Daniel Quinn dijo...

Bueno, pues espero queya la hayas visto Carlos, o si no corre al primer cine en que la pongan (o al único, imagino, jeje). Porque es una absoluta maravilla. ¡¡Un Rohmer total!! Parece que condense aquí toda su obra, con algunas cosas de los cuentos morales, otras de las comedias y proverbios y algunas de los cuentos de las cuatro estaciones. Sin olvidar, por supuesto, sus cintas históricas, a la que ésta pertenece y con la que cierra el ciclo, como él mismo ha dicho. Tengo que ordenar un poco las ideas y escribiré en breve algo más extenso, pero he salido de la sala absolutamente fascinado. Ahora estaba leyendo la crítica de Javier Ocaña en El país y me parece uno de los textos con mayor número de disparates que he visto en mucho tiempo.

Dice, "A través de planos fijos, o con levísimos movimientos de cámara", cuando es una de las películas de Rohmer en las que la cámara se mueve con más naturalidad, con más ligereza, resaltando el aroma de libertad del paisaje y de los instinto de los personajes.

Dice que "los actores recitan su texto de forma naturalista", cuando Rohmer les impone un distanciamiento similar al de La marquesa y Perceval, necesario para transmitir su idea, que no tiene nada que ver con actualizar un texto literario.

Y así podríamos seguir. No entiendo nada de esa crítica ni de ninguna de las otras de los diarios generalistas (salvo La razón, con un Sergi Sánchez fabuloso). ¿Decía Oti que esto era nimio y poca cosa? Y a Boyero mejor no nombrarlo, menuda falta de respeto (“La última y extenuante película de Eric Rohmer es un insoportable bla, bla, bla entre cursis pastorcillos medievales").

Pero ahora voy a seguir relamiéndome pensando en la película y a olvidar ese tipo de cosas, que no son nada recomendables a estas horas. Rohmer y el culto a la belleza. 87 años. Es para descubrirse.

Daniel Quinn dijo...

Por cierto, esto estará un poco parado hasta el día 18, que tengo mi (esperemos) último examen de la carrera y quiero estar centrado. Mientras tanto tengo listo un texto sobre el último Rohmer, que les prometí a los amigos de SHANGRI-LA hace tiempo. Me han dicho que lo publicarán entre el 16 y el 19, así que por esas fechas lo indicaré por aquí.

El resto, a partir del 18, a no ser que alguna noticia bomba nos sorprenda...

Carlos dijo...

Daniel, la he visto justo esta tarde. Qué puedo decir... gozosa, inmensa, inolvidable... Gracias Rohmer ^^.

Daniel Quinn dijo...

Vaya, hemos cruzado comentarios yo en tu blog y tú en el mío y no me entero, jeje.

Está claro que esta peli va directa al pódium del año.
Un saludo!