domingo, julio 29, 2007

La banda de las cuatro: Rivette total



¿Sabéis la de la lógica?
Un tío se encuentra con un amigo y le pregunta:
- ¿Qué haces?
- Lógica.
- ¿Qué es eso?
- Te lo explicaré.
- ¿Tienes una pecera en casa?
- Sí.
- Deduzco lógicamente que habrá agua en la pecera.
- Sí.
- Si tienes una pecera con agua..., deduzco lógicamente que tienes peces.
- Sí.
- Si tienes peces..., deduzco lógicamente que les das de comer.
- Claro.
- Si les das de comer..., deduzco lógicamente que te gustan los animales. Si te gustan los animales..., deduzco que eres amable, comunicativo...
- Sí lo soy.
- Si eres amable, comunicativo..., deduzco lógicamente que te gustan las mujeres..., las veladas en pareja, tranquilas, en casa...
- Sí, sí me gustan.
- ¿Ves? A partir de una pecera puedo deducir que te gustan las veladas íntimas.
- ¡La lógica es genial!
Y se despiden.
Al día siguiente, le dice a un amigo:
- Ayer vi a Jean, se dedica a la lógica.
- ¿Qué es la lógica?
- Te pondré un ejemplo.
- ¿Tienes una pecera?
- No.
- Vaya, no sabía que eras de ésos...
La banda de las cuatro

No sé si será un prehomenaje, un chiste privado o una declaración de intenciones, pero, cuatro años antes de rodar La bella mentirosa, Rivette utilizó el cuadro y su pintor, Frenhofer, como McGuffin de su película La banda de las cuatro. No es raro asociar a Hitchcock y a Rivette; éste es una de los mayores admiradores del gordo británico, y sus películas, en apariencia muy distintas, esconden resortes similares, interconectados por las corrientes subterráneas que parecen recorrer toda la filmografía del francés.


A primera vista, podemos relacionar La banda de las cuatro con la obra más conocida de Rivette, Céline y Julie van en barco, por infinidad de detalles al margen de lo principal: chicas encerradas en una casa aislada y decadente juegan a (no) crecer y a manejar oscuras tramas conspiratorias. Pero además tenemos el mundo del teatro, otra obsesión del director, espejo de la propia creación, en el que las protagonistas ven realizados sus sueños y donde la gran demiurga-profesora dibuja a sus criaturas desde el lugar más discreto. Y con esto nos vienen a la cabeza Vete a saber o El amor por tierra. Pero también hay terreno para los fantasmas, y para un hombre misterioso que aparece y que sobrevuela a las cuatro chicas de la casa, similar a lo que ocurría en La historia de Marie y Julien. Incluso tenemos una extraña trama policíaca, soporte del Mcguffin, o McGuffin del McGuffin, donde la intriga se mezcla con las pasiones al modo de Confidencial. Así pues, La banda de las cuatro me parece el nudo gordiano de la obra de Rivette, la encrucijada que le abrió numerosos caminos para el futuro y que sirvió para enlazar con su anterior etapa. Tenemos una perfecta mezcla entre el elevado intelectualismo que tanto se le achaca y la reivindicación de la cultura popular que no se suele destacar pero siempre está presente.



No es casual que la profesora de teatro de las chicas se llame Constance Dumas, y bajo sus órdenes tengamos la banda de las cuatro mosqueteras, que pueden ser cinco, pero que en realidad son tres. Es otro guiño de Rivette, una reivindicación de la aventura y la fantasía, que será en el fondo lo que haga mover la película. La acción comienza cuando una de las cuatro chicas que comparten casa se independiza, y deja una habitación libre para que Lucia-D'Artagnan acompañe a las tres mosqueteras. Su lugar nunca queda demasiado claro, igual que en el clásico de Dumas, pues parece apartada de sus compañeras, para desencadenar después el punto clave del desarrollo narrativo. Y en el trasfondo de todo tenemos a Cécile, la chica que deja la casa al principio, víctima de una aventura de la que deberá ser salvada. Mientras tanto, asistimos a vidas donde prevalece la apariencia, donde todo y nada en mentira, en las que el deseo de amor, de felicidad, es casi desesperado y finalmente frustrante. Vidas que se levantan gracias al juego, a la alegría de la representación, al disfraz, a la esencia de todo.



Rivette, como siempre, ligero y profundo, juega con los géneros, los manipula y retuerce, los exprime y deconstruye como sólo él sabe hacer. Su película es una comedia, un drama, un ensayo fílmico, un film fantástico, de aventuras, de intriga o de amor. Todo ello al tiempo.



Poco se puede decir que no sepamos ya de la labor de dirección. Cada plano, cada secuencia, es absolutamente impecable, con sus suaves movimientos de cámara, sus encuadres hiperpoblados y llenos de dinamismo, su huída de toda imagen falsa o manipulada, revelándonos "la verdad" en cada toma, demostrándonos lo que dice uno de los personajes, que su interpretación no es una simulación, que ella actúa para llegar a la verdad. Rivette bucea con la cámara en la misteriosa casa con la admiración de quien descubre la vida a cada paso, construyendo un lugar mágico que cualquier espectador sueña con traspasar. Sólo cuando el cuartel general es "invadido" parece perder algo de su encanto, por lo que nuestras jóvenes heroínas deberán luchar por reconquistarlo.



La película dura 160 minutos (bastante breve para lo habitual en el director), pero se hace tan corta que no parece ni la mitad.

La banda de las cuatro es una auténtica joya en medio del tesoro de la filmografía de Jacques Rivette, un deslumbrante juguete en la onda de Perec o Cortázar para disfrutar a rienda suelta liberándonos de cualquier tipo de atadura o prejuicio. Para soñar.



7 comentarios:

Lazare dijo...

maravilla de maravillas.

rivette me entusiasma, ya es bien sabido, pero esta me parece una de sus películas más cercanas y entrañables. las protagonistas son estupendas, y cómo maneja la intriga, es fantástico. buen artículo.

¿sabes que se ha muerto Bergman?

Daniel Quinn dijo...

En serio??? Vaya shock... Estas cosas se pueden esperar, pero siempre acaban sorprendiendo. La verdad es que con 89 años no es demasiado raro... Espero que le den el trato que merece. Se ha ido el más grande.

Gracias por la información, Lazare. Esta noche, si me da tiempo, o mañana, intentaré hacerle un modesto homenaje desde este rincón.

Un saludo en el día más triste para el mundo del cine.

robgordon dijo...

He entrado para comunicarte lo que suponía que ya sabías...ha fallecido Bergman...un cineasta amado e inconfundible.

Cada vez van quedando menos figuras del cine clásico!

Saludos,Quinn!

robgordon dijo...

Ahh, y espero no haberte presionado, pero he citado a "El dormitorio de Maud" en mi blog, en referencia a un futuro artículo tuyo de Bergman...

Me he adelantado a los acontecimientos, jejeje!

Saludos!

Daniel Quinn dijo...

Jeje, muchas gracias Robgordon. Ninguna presión, que ya me había comprometido :P

Se ha ido uno de los tres pilares de mi cabecera... :(

sedmikrasky dijo...

La vi ayer. Le tenía echado el ojo desde hacía tiempo, pero tu reseña me animó a comprarme el DVD. Y bueno, es maravillosa. Como bien indicas, me encanta el equilibrio perfecto entre lo culto y lo popular; mucha gente se sorprendería de lo accesible que es Rivette, una vez superado "el miedo" a ver una película de casi tres horas.

Y tu reseña, impecable. ¡Terminarás escribiendo en Cahiers! ;-)

Daniel Quinn dijo...

Jeje. Eso sí que sería un sueño, pero está demasiado lejos :)

Me alegro de que te gustara. Yo ahora tengo a punto para ver París nos pertenece. De esta semana no pasa.
Un saludo!!