sábado, febrero 24, 2007

Cartas desde Iwo Jima, el Clint que más nos gusta




Para empezar, tengo que decir que defendí “Banderas de nuestros padres” (con algunas reservas, es cierto) desde el momento de su estreno. Esto escribí sobre ella en El séptimo cielo, mi blog de cabecera, de Robgordon:


Yo creo que es una película muy interesante, valiente, y que ganará con los años, aunque reconozco que me termina resultando algo fallida, más por detalles concretos que por su conjunto. Me molesta especialmente esa voz en off que nos endosa Eastwood justo al final subrayando algo que ya estaba más que claro a lo largo de la evolución del film. (No hay más que comparar el cambio de ciertas opiniones de los soldados según su edad). Tampoco me gusta alguna escena demasiado lacrimógena (todo sabemos cuáles) o efectista (lo de los flashes de los fotógrafos evocando disparos me parece algo un tanto burdo).Pero en general me parece una gran película, muy arriesgada, con casi todas sus difíciles decisiones totalmente justificadas. Para empezar, la alambicada estructura nos intenta mostrar la manipulación de la memoria, ideal para una película que trata de la manipulación de los símbolos y la frágil barrera entre verdad y mentira. Se ha hablado mucho de las resonancias de El hombre que mató a Liberty Valance, y creo que está bastante claro; la actualización de la idea necesita una puesta en escena que nos haga ver el cambio de los tiempos, la necesidad de crear héroes, dioses o asideros a que agarrarnos... El espectador queda desorientado porque nos están contando algo turbio, empañado por las mentiras oficiales y las mentiras del recuerdo, que se funden creando una confusión que creo necesaria. Por otra parte es cierto que la película es muy fría en su tratamiento de los personajes (es imposible identificarse con ninguno de ellos, y ahí radica la valentía de Eastwood y, problablemente, la causa del fracaso comercial de la cinta). Pero..., es que estamos en una guerra que acaba con la individualidad machacándola con símbolos absurdos; estamos en una maquinaria de Estado que dice defender las libertades individuales cuando lo que hace es aplacar toda conciencia propia, buscando una finalidad moralmente discutible por unos medios claramente reprobables. Guerra y Estado no permiten el desarrollo del hombre, ven las situaciones desde fuera, cuantificando estadísticas en vez de víctimas y haciendo lo imposible por perpetuarse en el tiempo a costa de lo que sea. Así que jugar con unos actores inexpresivos, sin carisma, que representen sombras anónimas, y alejar conscientemente la cámara de ellos, como si no quisiéramos empatizar con sus sentimientos, quizás sea la decisión más coherente, válida y valiente.



Pues bien, siendo Cartas desde Iwo Jima una película más clásica y normal, menos arriesgada, más cercana en forma a lo que Eastwood había venido haciendo últimamente, queda bastante claro que el director estadounidense se mueve mucho más cómodo en estos terrenos. Eastwood ha ido sobre seguro, reflexiona sobre grandes temas a través de historias mínimas, juega con los tópicos para ver su reverso, nos muestra el doblez moral de los personajes y nos hace empatizar con ellos. Si Banderas de nuestros padres podía acercarse más a un film ensayo, Cartas desde Iwo Jima es todo lo contrario, una película de emociones, de sentimientos puros, donde Clint nos demuestra el gran humanista que es.




La película va adentrándose en la ambigüedad moral de los personajes al tiempo que se acrecienta su angustia, y los tonos y la iluminación se vuelven poco a poco más sombríos, recurriendo a los claroscuros que tan buen resultado dieron en Million Dollar Baby. Eastwood demuestra que sabe cómo mostrarnos emociones puras a través de técnicas únicamente cinematográficas. El tema de la familia vuelve a estar presente como trasfondo de lo narrado, y la desmitificación de las leyes y los Estados (tradiciones japonesas de honor y disciplina) impregna todo el metraje, promulgando una moralidad individual y responsable, encarnada en el inolvidable personaje de Ken Watanabe.

Son muchos los momentos mágicos, como esas conversaciones a media luz bajo el ruido de las bombas, en que los rudos soldados se desnudan y demuestran darse cuenta de la sinrazón de sus propias convicciones.

Si se le puede poner alguna objeción a la película es la impresión que deja, en algunos momentos, de situaciones prefabricadas, organizadas de tal forma que demuestren las tesis de Eastwood (totalmente encomiables, pero demasiado obvias) de que existe gente de todo tipo en todos los bandos y en todas las ideologías (éste es también uno de los problemas de la película alemana de los Oscar, La vida de los otros, aunque ésta arrastra unos cuantos más).En definitiva, Cartas desde Iwo Jima es la única ilusión que tengo de cara a los Oscar, pues me parece que se encuentra a años luz de las demás, y aunque al parecer sus opciones no están demasiado claras, debemos confiar hasta el final en que se produzca el milagro.



Iwo Jima según Eastwood, en Miradas


Crítica de Rosenrod en La Butaca


Red Stovall en blogdecine


Sergi Sánchez en Estado crítico

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Y a mi que no me ha terminado de convencer este Cling eastwood... incluso creo que banderas de nuestrso padres con todos sus errores es mucho más humana...

Es que me parece que Eastwood sabe que es el último clásico vivo e itnenta por todos los medios emocionar con reflexiones que se ven venir... que si el honor, que si me suicido, que si por supuesto en la guerra nadie es más malo que otro... no sé, no sé... para nada es una mala peli pero creo que ha puesto el piloto automático,

Daniel Quinn dijo...

Tienes razón en lo que dices del piloto automático..., Eastwood vuelve a hacer lo que mejores resultados le ha dado, pero, lo hace tan bien... De todas formas encubre bastante bien la artificiosidad del film salvo en algún detalle concreto. Y está claro que sus reflexiones son bastante típicas, pero creo que es coherente con lo que piensa y siente, y a sus años hacer otra cosa sería una locura. De todos modos, para innovación tenemos la primera entrega. Creo que en el díptico está el gran valor de la obra.
En fin, salgo ahora de casa a ver la de Lynch, que anoche me quedé sin entradas (4 salas en todo Madrid, de otras provincias ni hablo..., esta distribución...). Pues eso, ilusionado voy, pero miedo me da, jeje.
Saludos!!

Roberto García dijo...

Pues si Lynch llega escasamente a Madrid y a Albacete ni te cuento, lo de Iwo Jima aquí tiene délito.

Todavia no ha llegado y tardará.

De esta manera, ni puedo leer las opiniones tranquilamente, ni puedo opinar cuando todo el mundo opina!!! (Me gusta ir lo mas virgen posible a ver las pelis).

Al menos, espero que sea un poco mejor que "Banderas", que ya sabes que a mi, ni fú ni fá, jeje.

Por cierto, me llena de satisfacción (como diria el Rey) eso de "blog de cabecera". Gracias Quinn!

Saludos!

Daniel Quinn dijo...

Sí, lo de Albacete es un desastre. Con Lynch se puede entender (aunque con su legión de fans seguro que les saldría rentable ponerla aunque fuera una semanita), pero lo de Eatwood..., una película clásica, de un director que por sí mismo tiene muchísimo tirón, nominada a los Oscars principales... La verdad es que no lo entiendo. Pero habrá que confiar en la filmoteca.
Ah, y estoy seguro de que Cartas... te va a gustar.
Un saludo!!