domingo, octubre 25, 2009

Presentación de "La ley de Murphy" y "Comunión", de Eloy M. Cebrián



El próximo miércoles, 28 de octubre, a las 19.45 h, el escritor albaceteño Eloy M. Cebrián presentará sus dos nuevas publicaciones en la librería Popular de Albacete. Se trata de dos libros de corte muy distinto, en concreto de una recopilación de artículos y una colección de relatos.

“La Ley de Murphy” recoge una selección de las columnas que el autor ha publicado en distintos diarios de la ciudad durante los últimos diez años, además de algún artículo aparecido en la prensa nacional. A diferencia de las columnas de opinión al uso, los textos que componen este libro tienen nula o escasa relación con la actualidad. Se trata más bien de reflexiones de carácter personal, muchas de ellas en tono humorístico, otras más poéticas e introspectivas. El lector encontrará artículos sobre una gran variedad de asuntos, desde los tangos al Big Bang, pasando por los libros, los sueños, el fútbol, el tiempo o el azar. Mención aparte merece la sección central del libro, titulada “Misterios de Albacete”. Se trata de una serie de diez relatos breves en clave de literatura de género (historias fantásticas, de terror, de ciencia-ficción), con la particularidad de que las historias que se narran transcurren en lugares tan emblemáticos de nuestra ciudad como el parque de Abelardo Sánchez, el Altozano, la catedral o la Feria. “La Ley de Murphy” ha aparecido bajo el sello de “Los libros de El Problema de Yorick”. Su portada es obra del dibujante y caricaturista albaceteño Eulalio Molina.


El segundo de los libros presentados es una colección de relatos titulada “Comunión”, compuesta de doce cuentos con un tono predominantemente lírico. A diferencia de sus novelas, donde el autor suele cultivar la sátira y el humor, los cuentos que componen “Comunión” evocan escenarios de tristeza y melancolía. Ruidos inexplicables que se cuelan a través de las paredes, dos hermanos enemistados por culpa de unos animalillos casi microscópicos, un deprimido crónico que responde a los mensajes basura que encuentra en su e-mail, un prisionero atrapado en una descomunal torre de apartamentos, un muchacho que sufre extravagantes mutaciones, una reunión anual de antiguos monaguillos en la que se celebra una peculiar ceremonia, dos ancianos que viven rodeados de presencias fantasmales, un hombre enamorado de una joven prostituta… éstas son algunas de las historias que conforman “Comunión”. A pesar de la ambientación fantástica de ciertos los relatos, en todos ellos se abordan asuntos tan humanos como universales, con la soledad, la incomunicación y la muerte como temas predominantes. El autor se declara deudor de la tradición del cuento sudamericano, fundamentalmente de Borges y Cortázar, pero también de maestros estadounidenses como Carver o Cheever. “Comunión” ha aparecido en la editorial murciana Alfaqueque. La portada del libro reproduce el cuadro “Antesala del mundo”, obra del pintor albaceteño Jose Callado, que forma parte de su reciente exposición “Dentro del Iris”.


Además del autor, la presentación contará con la participación de Francisco Javier Martínez, director de La Tribuna de Albacete, y de Fernando Fernández, responsable y fundador de Alfaqueque Ediciones.

Eloy M. Cebrián anuncia varias novedades para los próximos meses. En noviembre, la editorial Klett publica su novela “Bajo la fría luz de octubre” (premio Jaén 2003) en los países de habla alemana. Se trata de una edición didáctica para los estudiantes de español. Coincidiendo con las Navidades tendrá lugar la reedición de su novela histórica “Memorias de Bucéfalo”, que fue publicada por primera vez hace una década por la Diputación provincial, y que regresa a las librerías en un solo volumen con el título de “Bucéfalo, memorias del caballo de Alejandro”. También tiene prevista la publicación de una nueva novela de género juvenil titulada “Operación Beowulf”, que aparecerá en la próxima primavera con el sello de la prestigiosa editorial Oxford University Press.

jueves, octubre 22, 2009

Jonas Mekas: un pragmático en Madrid

Nunca había visto a Jonas Mekas, y el pasado martes 13, con motivo de su visita a Madrid y, concretamente, al pequeño cine La enana marrón, quedé muy gratamente sorprendido. Y en realidad, si lo hubiera pensado antes, no debiera haberme llamado especialmente la atención, porque la personalidad del creador lituano es totalmente coherente con el cine y los métodos que ha empleado a lo largo de su extensísima carrera profesional.


Nos arracimábamos un puñado de personas junto a la puerta de La enana marrón sin formar cola ni guardar ningún tipo de orden. Minutos antes de la apertura, con aire descpreocupado y alegre, ya se vio a Jonas Mekas dando una vuelta y mirando a los que aguardábamos pacientemente a ver su película y sus declaraciones en una estrecha calle del barrio de Malasaña. Se intuía una sonrisa en su rostro medio oculto por el perfil de su sombrero, que no se quitaría en toda la noche, mientras hablaba con alguien que debía ser un amigo o conocido suyo.

Entramos en el coqueto cine, elegimos sentarnos en sus sofás a sabiendas de que debíamos de permanecer unas cuatro horas en la misma posición, sumando el coloquio a las tres horas de película, y aguardamos expectantes a que anunciaran al cineasta estrella del día. (¿Hay alguna contradicción más divertida que llamar cineasta estrella a Jonas Mekas?). Entonces nos comunicaron que, por expreso deseo de Mekas (y para que la gente aguantara hasta el final de la proyección), su intervención se produciría al término de la película. Antes de que se apagara la luz, pude ver un destello fugaz de Mekas detrás de la puerta de entrada, dibujando ráfagas de luz con su gabardina de la misma forma que son captadas en sus películas por su cámara nerviosa.

Porque la cámara de Mekas vive de su propio nervio, y hace surgir de su inquietud, de su necesidad de movimiento, una poesía que se alimenta de la fuerza de lo real y de la sensibilidad del instante captado. Mekas mueve su cámara estilográfica convirtiéndose en lo más parecido que se recuerde al concepto teorizado por Astruc y casi nunca puesto en práctica. La independencia y el riesgo necesarios son, quizás, demasiado elevados, y esta cámara estilográfica de Mekas parece seguir los dictados internos de alguien como Walt Whitman, que siente la expresión de la alegría que le rodea como algo que todo el mundo debe conocer. Y como en Whitman, y a diferencia de muchos grandes artistas, aquí la poesía surge de la vitalidad y no al revés, y la belleza surge de la alegría del mismo modo que ocurre en la vida real, en la que la belleza muchas veces no es más que una expresión, una consecuencia, de la sublimación de un concepto moral elevado o de un afecto determinado por algo o por alguien.

¿Es posible convertir una hortera boda de millonarios por todo lo alto en una celebración de íntima poesía, en una expresión de la alegría de vivir? Sí, y eso se puede apreciar en Walden, la película proyectada en La enana marron antes de que Jonas Mekas en persona tomara la palabra y ratificara explícitamente todas las sensaciones de optimismo y euforia que rezuman sus películas.

Al principio creí que el hombre era un idealista, pero pensándolo más adelante llegué a la conclusión de que no tenía nada que ver: más bien era todo lo contrario. Jonas Mekas parece llegar al optimismo por un camino que en principio puede parecer ajeno, el de la meticulosidad en la observación de la realidad y, consecuentemente, el pragmatismo en la vida diaria. Del mismo modo que se puede considerar totalmente pragmático el concepto de existencia de Dios de Pascal, basado en la probabilidad y los beneficios finales, la radiación de alegría y vitalidad en Mekas parece una consecuencia de un razonamiento totalmente libre de prejuicios (mérito tremendo en alguien de 87 años), que demuestra que el mejor camino, el más práctico, para llegar a unos determinados objetivos, es el de la libre expresión de alegría como vehículo para llegar a la belleza. Y ahí están para recordarlo esas imágenes aceleradas, manipuladas, saturadas, gozosas y ricas en conceptos de Walden. Imágenes que vuelven a lo primigenio, a esa mirada inocente sobre las cosas que gente como Lumiere o Murnau descubrieron para el cine. ¿Qué es más práctico en el sempiterno camino de la felicidad humana, recorrerlo ofuscado, reconcentrado y triste, preocupado por todo aquello que no se puede solucionar y por lo tanto quedará invariable para nuestra desolación, o avanzar poco a poco, alegre y sin pensar más que en el objetivo inmediato, en esa primera meta sobre la que no deben incidir las amenazadoras sombras que nunca se estrechan lo suficiente?

Mekas convierte Nueva York en poesía y hace de la urbe, del asfalto y el cemento, un lugar único en el que recrearse en los detalles invisibles al ojo humano, esos mismos detalles que, captados por una cámara inerte, hacen de lo trivial algo sublime, un festival de emociones.



Y Mekas comentó, al terminar la proyección, que no hay que mirar al pasado, ni regodearse en el "cualquier tiempo pasado fue mejor", porque lo mejor siempre está por venir, y porque disponemos de una tecnología de la que no tenemos que renegar como hacen tantos y tantos intelectuales (y habló de Internet, de vídeo digital, de multimedia..., de su proyecto cibernético de los 365 cortos y otro hipotético de las 1001 noches...), sino utilizarla para moldear nuestra nueva realidad, siempre dinámica para evitar la muerte, y para configurar nuevas maneras de pensamiento, mirada y gozo. Y Mekas habló de política, y como hijo actualizado de los 60 habló de la resistencia, del concepto de resistencia, para renegar de él: ¿de qué tenemos que resistir?; lo que tenemos que hacer, si algo no nos gusta, es crear cosas nuevas, mejores, pero no resistir defendiendo algo que debe mutar continuamente para no pasar a formar parte del pasado. Y así quedó patente, ante el puñado de personas que lo escuchábamos, cómo un hombre de 87 años puede tener la mentalidad más fresca y moderna que se recuerde, sin rastro de nostalgia ni de autocomplacencia, con ganas, únicamente, de mirar hacia adelante sin recrearse en lo que ya no tiene solución, calarse un sombrero de ala ancha, y avanzar por un camino en el que sólo importan las etapas parciales.

martes, octubre 13, 2009

Jonas Mekas nos visita


Jonas Mekas, el padre del cine experimental americano, underground, o como quiera llamarse, viene a Madrid y estará el martes 13 de octubre en La enana marrón junto con Pip Chodorov, a partir de las 20:00. Proyectarán una de sus obras más famosas, Walden (sí, basado, supongo que libremente, en la obra de Thoreau), que forma parte de sus trascendentales Diarios filmados. Pero eso no es todo, porque al día siguiente, el miércoles 14, lo tendremos en el Reina Sofía dando una conferencia también a las 20:00. Yo intentaré ir al menos a lo de La enana marrón, si no me quedo sin entradas (como sucedió hace poco con Jarmusch), así que ya comentaré por aquí :).



PD: prometo un post de retorno, que después de tantos meses algo tendré que explicar, ¡pero este anuncio era demasiado urgente!

Edito de nuevo para añadir un artículo sobre Walden del imprescindible Blogs&Docs.

Dejo aquí también el comentario de la Web de La enana marrón sobre Walden, que viene muy bien:

WALDEN. DIARIOS, CUADERNOS Y BOCETOS
“Walden”, es un lago situado en el estado de Massachuttes. Allí se retiró en 1845 el escritor y pensador norteamericano Henry David Thoreau (1817-1962) con el fin de descubrir el mensaje que la naturaleza tenía que darle, para encontrarse consigo mismo en el estado más puro en que puede vivir el hombre (Emile Hirsch emuló al escritor en Hacia rutas salvajes). Thoreau escribió durante su retiro "Walden; or Life in the Woods", ya convertido en un clásico de la literatura estadounidense.

El lituano Jonas Mekas, uno de los más importantes representantes del cine experimental americano, se dedicó durante tres años a rodar su vida cotidiana, sus viajes, sus encuentros con diversas personas, etc. Cada episodio de esa amalgama, que tomó forma definitivamente en 1969, contiene alusiones al retiro de Thoreau, aunque la más palpable es la palabra "Walden" entre cada uno de los capítulos, sólo que el lago de Mekas era el de Central Park.

Charla-coloquio con Jonas Mekas y Pip Chodorov el martes 13 de octubre a las 20:00.


Programa I

WALDEN
Jonas Mekas

EEUU. 16mm. 1964-69, 180min.

“Desde 1950 he llevado un diario filmado. He recorrido todo el mundo con mi Bolex y reaccionado a la realidad inmediata: situaciones, amigos, New York, estaciones del año. Algunos días rodaba diez fotogramas, otros un segundo, algunos diez minutos. O no rodaba nada. Cuando uno escribe un diario, hace un proceso retrospectivo: te sientas, miras atrás en tu día y lo escribes. Para llevar un diario fílmico, hay que reaccionar con tu cámara a lo inmediato, ahora, al instante: o lo coges o no coges nada de nada. Si vuelves y ruedas después, significa volver a empezar. Para recoger la realidad según está ocurriendo, ahora, requiere un conocimiento total de las herramientas que estás utilizando, en este caso la cámara Bolex: tiene que recoger la realidad a la que estoy reaccionando y también tiene que plasmar
mi estado de ánimo según estoy reaccionado. Lo cual quiere decir que la estructura (montaje)
ha de hacerse allí mismo, durante el rodaje, en la cámara. Todo el metraje que se ve en los diarios está exactamente igual a como salió de la cámara: no hay forma de lograr nada en la sala de montaje sin destruir su forma y contenido. Walden contiene material de los 1965-1969, juntos en orden cronológico. Para la banda sonora usé algunos de los sonidos que recogí durante el mismo periodo de tiempo: voces, metros, mucho sonido de calle, pasajes de Chopin (soy un romántico), y otros sonidos, algunos importantes y otros insignificantes.”

Jonas Mekas

domingo, enero 25, 2009

Carveriana: de Mendes a Reichardt


-¿Hola?
-Hola Dan.
-¿Wendy? Dejame apagar el Tv. ¿Donde estás?
-En Oregón.
-¿Sola?
-Sí, algo así.
-¿Y qué pasa?
-Nada, solo llamo...
-¿Nada?...
-El coche se averió. Y hay algo malo... Lucy está perdida.

(Entra la hermana en la conversación, cogiendo otro teléfono)

-¿Quien es esa?
-Tu hermana, su coche se averió en Oregón.
-Hola Deb.
-¿Y que quiere que hagamos por ella?
-Nada... Sólo llamo.
-Sólo está llamando.
-Pues no podemos hacer nada. No sé qué es lo que quiere.
-No quiero nada, sólo llamo.
-No puedo seguir en el telefono. Hablamos luego. Adios cariño. ¿Está todo bien?
-Si, todo está bien.
-Ya está oscureciendo, así que te llamo luego.
-Está bien.
-Todo estará bien, nos vemos.
-Sí, nos vemos, adiós.
-Adiós.
Sólo esta modesta escena de Wendy y Lucy es mucho más incisiva y dice mucho más acerca de los problemas de fondo del estamento familiar estadounidense que la última película de Sam Mendes, Revolutionary Road, en todo su metraje.

En ambos films se percibe un herencia similar, la de ese realismo sucio norteamericamo que intenta escarbar en las miserias y los sueños frustrados y que dieron tan buenos resultados en un cierto tipo de literatura. Revolutionary Road intenta asimilar esta herencia directamente, yendo a los orígenes, a esa obra Richard Yates que anticiparía la mirada de los que llegaron después. Wendy y Lucy nos recuerda más directamente a Raymond Carver, esa desazón, ese vacío, y nos muestra enormes panorámicas íntimas a través de un detalle, como puede ser la referida conversación telefónica.


La película de Sam Mendes tiene buenas intenciones, pero intenta ser demasiado importante y llega a lastrar casi todos sus logros. Por ejemplo, uno de los mejores momentos de la película, cuando Kate Winslet encuentra la foto parisina de su marido y se desencadena el motor de la trama, queda estropeado por el inmediato flashback que intenta explicar lo que pasa por la cabeza de la protagonista subrayando lo que cualquier espectador mínimamente atento ya sabía. Momentos así existen dispersos por todo el metraje, de modo que algo que parecía y podía haber sido profundo sutil acaba en el cajón desastre del cine hollywoodiense, incorporando sus clichés y algunas de sus peores armas. No hay más que pensar en lo peor de la película, el vergonzoso personaje interpretado por Michael Shannon, que parece el propio Sam Mendes explicando la película una vez más no vaya a ser que alguien no la haya entendido.


Por contra, en Wendy y Lucy, Kelly Reichardt no comete ninguno de estos errores y consigue que su película convierta una mínima trama argumental en una poderosísima mirada sobre la soledad, la América profunda, y la condición humana en general. Con un estilo impecablemente preciso, capaz de hacer corpóreo el propio poder de la tierra y de una determinada geografía urbano-rural, la directora estadounidense recoge la mejor herencia de cineastas como Jim Jarmusch y la más pura esencia del minimalismo literario de Raymond Carver.

Y tanto que se está hablando de Kate Winslet y su correcta interpretación en Revolutionary Road, da un poco de pena que pase desapercibida la sobrenatural actuación de Michelle Williams en Wendy y Lucy, de quien se rumoreó una posible nominación al Óscar que, como era de esperar, se ha quedado tristemente en el aire.

Revolutionary Road, a pesar de todos sus defectos, es una película interesante, con momentos que llegan a ser sutiles para estar hechos dentro del establishment hollywoodiense. Wendy y Lucy, por contra, es una obra imprescindible, la otra cara de la moneda.

viernes, enero 09, 2009

10 recuerdos de 2008. Libros

Podrían entrar otros muchos en esta lista, pero por no repetir demasiado o por unas cosas u otras he optado por lo que sigue. Ha sido otro año de seguir leyendo alguna cuenta pendiente de Roth o Vila-Matas, sin olvidar que ha sido del año de la publicación de la estupenda última novela de nuestro amigo Eloy M. Cebrián.



SEBALD

Ha sido mi año de entrar a fondo en Sebald, que le tenía ganas, y aprovechar la coyuntura para escribir el texto que salió en el último Shangri-La. Ahí me explico más a fondo.


JAKOB VON GUNTEN

Llegué a Walser a través de Vila-Matas y su Doctor Pasavento y sólo puedo decir que fue un inmenso acierto. Esta novelita breve está emparentada directamente con Las tribulaciones del estudiantes Törless, y se complementan a la perfección. Su aparente sencillez y menores pretensiones respecto a la excelente novela de Musil pueden llevan al engaño que sumergió durante años esta obra en el olvido; sin embargo, los recovecos y evocaciones que esconde resultan fascinantes y abre la novela a innumerables ramificaciones mentales. La magia de lo no escrito.

SUTTREE

El año que por fin he leído a Cormac McCarthy, aprovechando el boom cinematográfico, me hice primero con su libro más reconocido, Meridiano de sangre, y esa resurrección del coronel Kurtz. Sin negar las excelencias de la novela, en ocasiones su agresividad (acrecentada por el exquisito y crudo lirismo de las descripciones) me revolvía demasiado el estómago. Así que me quedo con Suttree, igual o superior que la anterior literariamente y, a mi juicio, con más alma. La historia de la novela americana corre por sus venas, y el protagonista resulta inolvidable y fascinante. No hay motivos, como en las novelas de McCarthy, como en el despertar de cada día.



RUIDO DE FONDO

También comenté en su momento algo de la apocalíptica novela ochentera de Don DeLillo. Una obra que sigue viva después de su lectura, capaz de crear imágenes que renacen en la cotidianidad.



LLÁMALO SUEÑO

Exquisito catálogo de los terrores infantiles. Tantas veces aclamada como el germen de la novela judía estadounidense, esperaba encontrarme otra cosa, más cercana a Roth o Bellow; sin embargo, una vez desterrados los prejuicios, la novela de Henry Roth demuestra ser capaz de volar por sí misma, desde las tinieblas de una infancia empeñada en deformar la realidad. COmo todas las infancias.


LA EDUCACIÓN SENTIMENTAL

Obra total de Flaubert, recapitulación de sus temas, obsesiones y tan exquisita como siempre. Llevaba años queriendo confirmar que lo que decía Woody Allen ante el magnetófono de Manhattan era cierto.


LA INVENCIÓN DE MOREL

Su brevedad no impide la excelencia. La novelita de Bioy es algo así como la puerta de entrada a todas las ambiciones de un género normalmente despreciado como la ciencia ficción. Perfecta para plantearnos la realidad de nuestra propia existencia y, de paso, desdramatizar en cierto modo nuestra concepción del mundo. Especialmente recomendada para físicos y telecos, sobre todo si alguien quiere tener ideas para alzarse con un Nobel.

2666

Otra novela enorme, inabarcable, de la que ya se ha dicho de todo. Es una alegría el boom Bolaño, pero queda preguntarse: ¿qué fue primero el mito o la novela?. El problema ahora está en que nos obliguen a elegir: ¿Los detectives o ésta?


LA GEOMETRÍA DEL AMOR/SAUCE CIEGO, MUJER DORMIDA

Para los relatos tengo que quedarme con La geometría del amor, antología de John Cheever, padre adoptivo (Chejov siempre estará ahí) de varias generaciones de cuentistas estadounidenses, entre ellos mi adorado Raymond Carver. Pero tampoco puedo olvidarme de Sauce ciego, mujer dormida, los relatos de Murakami, en un año en que tengo la impresión de que se ha hablado mucho más de su interesantísima y absorbente After dark. Si en ocasiones me da la impresión de que las novelas de Murakami están al borde del abismo, e incluso llegan a caer en él, sus relatos me parecen irreprochables, de una concisión y serenidad que revelan lo más auténtico del autor, por mucho que él reivindique ante todo su condición de novelista. Un bálsamo espiritual.


EN LAS ALTURAS

Y en cuanto a obra lírica me salgo de la poesía para quedarme con otro librito muy breve, pero especialmente intenso, en el que no sólo se palpa, sino que llega a doler todo el desgarro de Thomas Bernhard. No recuerdo absolutamente nada del argumento, pero la sensación sigue ahí, y más en estos días de nieve y helada.






Y, finalmente, no me resisto a un epílogo con dos nominaciones más. Una de ellas referida al mundo de los blogs, al furibundo artículo de Javier Marías que tanto revuelo ha provocado por la Red. A mí lo único que me provoca es un poco de pena por la desinformación de alguien como Marías, y la facilidad para generalizar y lanzar juicios de valor desde ciertas posiciones de influencia. Eso lo convertiría en una anécdota graciosa si no fuera porque mucha gente que nunca ha tocado un ordenador ya tiene excusa y punto de referencia para despotricar contra las nuevas tecnologías. En fin, yo siempre he preferido al Marías novelista que al articulista que a veces parece poseído por el furibundo espíritu de Pérez-Reverte. Pero esa es otra historia que trataremos otro día. Y a pesar de todo, los Reyes me han traído este año su trilogía Tu rostro mañana, a la que tengo muchísimas ganas y con la que me podré cuando la cola de libros pendientes avance unas pocas posiciones.

Y la otra nominación es para el "libro" que ha cerrado una etapa de mi vida personal, esa "Implementación de un sistema remoto de pruebas de interoperabilidad para servicios basados en tarjetas inteligentes en el estándar DVB-MHP". Ya ha pasado un año pero parece que fue ayer :)

domingo, diciembre 28, 2008

10 recuerdos de 2008. Cine

No es nada original, pero como me divierte esto de las listas voy a repetir lo que hice el año pasado, para lo cual me voy a quedar con los diez momentos cinematográficos y literarios que creo que perdurarán en mi memoria. Sé que esto es un poco exhibicionista y ególatra (¿no es esa la esencia de un blog?), pero no soy capaz de acercarme al año que acaba de una forma más objetiva :). Empezamos con el cine.

MANOEL DE OLIVEIRA

No hay duda de que éste ha sido su año, por mucho que su centenario, cumplido hace sólo unos días, no haya tenido apenas repercusión en los medios. Por lo que parece en Portugal se ha hecho alguna cosa y, por nuestra parte, al menos en Madrid hemos sido afortunadísimos al disfrutar en la Filmoteca de una retrospectiva completa de su obra, con visita del maestro incluida. Lo único que da un poco de pena es la escasa difusión, tanto a nivel de medios de comunicación como a nivel institucional (vergonzoso el día de la visita de Oliveira, único en que estaba la sala a rebosar: cuando acabaron los prolegómenos, entrevista, fotos, y por fin iba a comenzar la película, dos filas completas de políticos de la embajada portuguesa y no sé si de algún otro sitio se levantaron y se fueron), lo que ha provocado una respuesta un tanto tibia del público. De todas formas, ha sido una gozada para sus seguidores, y una oportunidad única de ver ciertas películas.


EDWARD YANG

Otro ciclo de la Filmoteca, y con menos respuesta aún del público. Yo hasta entonces sólo había podido ver Yi Yi, que me encanta, pero Yang demostró en sus siete películas anteriores que ya era un nombre fundamental del cine contemporáneo. Una pena su temprana muerte y el poco caso que se hace a su cine, al estar en una especie de limbo intermedio entre un cine de autor más moderado y los deslumbramientos estéticos de Tsai Ming Liang y, sobre todo, su amigo Hou Hsiao Hsien, con el que apadrinó la nueva ola taiwanesa. Sin embargo, no por ello me parece menos personal o brillante que ninguno de los dos.


NUEVOS GARREL

Aún impactado por su última creación, La frontera del alba, éste ha sido un año en el que también he podido disfrutar de otras dos de las películas más importantes de su carrera (aunque con Garrel es difícil elegir): L'enfant secret y J'entends plus la guitare. Pocas veces como en esta última ha sido más estrecha, violenta y necesaria la relación cine-vida.


MAYO DEL 68

Se ha hablado mucho este año del 40 aniversario del mayo del 68 francés. Y como tal, se ha hablado de las revueltas estudiantiles, del festival de Cannes, de la Nouvelle Vague, de Godard... Los medios generalistas han hecho de todo eso un icono, tratándolo con una superficialidad que llega a asustar, pero en otros circuitos también se ha podido ver lo que había realmente detrás y los sedimentos originados. Sobre el tema hay varias películas fundamentales (no puedo dejar de nombrar dos debilidades como La mamá y la puta y Les amants reguliers), y he podido aprovechar ciclos como el del DocumentaMadrid o importantes ediciones en DVD para descubrir joyas como El fondo del aire es rojo, de Chris Marker, o las combativas creaciones de Godard y el grupo D. Vertov. Desgraciadamente, me fue imposible ir a ninguna película otro ciclo sobre el tema que se hizo en el Reina Sofía y que también apuntaba muy alto.


VOCES DISTANTES

También ha sido el año de mi descubrimiento de Terence Davies, del que he podido ver tres películas. Magníficas resultan El largo día acaba y la algo más clásica La casa de la alegría, pero mi predilecta es esa obra maestra que hace envejecer décadas enteras todo el cine social británico de la actualidad: Voces distantes, de la que hacía años había oído que se trataba de una película envejecida y anclada a su coyuntura. ¡Menuda sorpresa al verla! Pocos directores tienen una capacidad visual y evocadora como Terence Davies, que siembra sus películas de metáforas envolventes y elipsis y transiciones entre escenas que cortan la respiración. Sus poemas visuales apelan a todos los sentidos, y un solo fundido, un corte de escena suyo, vale más que kilómetros de celuloide de sus semejantes.


COEN/PTA

Para contrastar con los puntos anteriores y dar un poco de optimismo a la lista, este año ha sorprendido para bien por la recepción comercial de algunas películas excelentes, con una narrativa y unas formas que no parecen las que están de moda para romper taquillas, y que han triunfado incluso en los Óscar. Me refiero a No es país para viejos y Pozos de ambición, de los hermanos Coen y Paul Thomas Anderson. También es cierto que el consenso respecto a estas películas no es generalizado, y que considero que la ambiciosa odisea de Paul Thomas Anderson podía haber sido aún más satisfactoria, pero dan un punto de esperanza a películas que intentan hacer avanzar los patrones del cine comercial.


LIEBELEI

Un clásico absoluto de Max Ophüls que hasta no hace mucho era imposible de ver. Para demostrar que el artista austriaco también hacía obras maestras mucho antes de su paso por Estados Unidos. Con un estilo algo menos barroco que en sus últimas creaciones, Liebelei es ligera, divertidísima y corrosiva en su ironía y muestra una sutileza es narración y descripción que es marca de la casa del mejor Ophüls. ¡Cuántos grandes directores de ahora son el el fondo hijos suyos...!


PARANOID PARK

Paranoid Park nos trae un Van Sant más narrativo después de su trilogía de la muerte, lo que parece (visto lo que nos espera en el mes de enero) desvolvernos al autor mainstream que menos nos gusta de Will Hunting o Forrester. Sin embargo, Paranoid Park es una excelente película, por momentos brillantísima e insuperable, capaz de meternos a Dostoievsky en su particular universo de adolescentes angustiados a través de un tratamiento formal menos minimalista que el de sus últimas obras pero gustoso de experimentar en otros sentidos.


LOS AMANTES CRUCIFICADOS

Otro clásico indiscutible que no había visto hasta ahora, de la mano de un omnipresente en este tipo de listas: Kenji Mizoguchi. Enmarcada en esa fulgurante recta final en la carrera del director japonés en la que parecía que no iba a tener tiempo de mostrar todo lo que tenía que dar al mundo, Los amantes crucificados es el mejor ejemplo de melodrama perfecto, sobrio pero exquisito en su realización, justo con los personajes y con una irreprochable ética cinematográfica que rezuma una sabiduría que va más allá de una creación artística. Y todo eso, sin renunciar a la emoción, al argumento, e incluso a las lágrimas.


INDIA SONG

Para terminar, la película más famosa de Marguerite Duras, habitualmente eclipsada ante la fama de su película hermana, El año pasado en Marienbad. Puede que la de Resnais haya sido a la postre más influyente en el futuro del cine, pero es necesario no perder de vista India song, y no descuidar las sutiles relaciones de ese extraño trío formado por Resnais, Duras y Robber-Grillet. En todo caso, la mano de Duras tiene algunas ventajas sobre la de Resnais, y la película le sale menos engolada, quizás también más árida, y con una carga de pretenciosidad, a mi juicio, afortunadamente mucho menor. A Duras no le interesa tanto liarnos con un determinado argumento, sino hacernos vivir los sentimientos puros de una evocación a medio camino entre los sueños, la leyenda y la realidad.