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lunes, noviembre 02, 2009

Like You Know It All, Hong Sang Soo se desmitifica a sí mismo


Ciertos autores corren el riesgo, en cada nueva película, de caer en el abismo del narcisismo autoral y la autocomplacencia inconsciente. Podríamos encuadrar a Hong Sang Soo dentro de este grupo, pero hasta el momento ha conseguido salvarse, y vuelve a hacerlo en su última creación, la libre y desprejuiciada "Like You Know It All".


Después de "Night and day", una película algo diferente a lo que nos tenía acostumbrados hasta el momento (dentro de lo que es posible en Hong), más áspera y quizás más compleja, la última película del director coreano nos devuelve a ese universo que juega con la suspensión de la ficción introduciendo ésta, de lleno, en un juego autobiográfico auténtico o impostado, poco importa. De nuevo el protagonista es un director de cine, y de nuevo se trata de alguien arrastrado por el entorno, por las circunstancias, sin ser muy capaz de reaccionar de la manera apropiada. Entre abúlico y temperamental, el protagonista es al mismo tiempo víctima y culpable, y la mirada irónica (incluso vitriólica, algo cruel) que Hong Sang Soo vierte sobre él no se recrea en la compasión, sino que prefiere examinar sus contradicciones, que son las de todo ser humano, y extraer conclusiones que nunca son claras. Porque como se dice en algún fragmento del film, probalemente el más explícito en cuanto a teoría cinematográfico-vital de la carrera de Hong, una película no tiene por qué mostrar bellas imágenes ni claros mensajes ("No hay mensajes claros. Como mucho, ambiguos"). Hong apuesta por una libertad decidida, se llega a decir que lo más importante en la vida es la libertad, pero en la película se muestra la imposibilidad de alcanzar esa libertad. El protagonista define esta libertad como "la fortaleza de concentrar en uno los auténticos deseos", y dice que "somos innecesariamente felices, porque perseguimos falsos ideales y los deseos de los demás". Por otro lado, él, autor de películas, al parecer, bastante personales, de prestigio pero poco público, anhela secretamente conseguir un taquillazo, e incluso sueña con tener una excusa que le permita afrontar sus películas sin perder el orgullo de ceder a sus ideales y a su presunta libertad e independencia. Por lo tanto, esa ambigüedad se traduce en un desequilibrio que funciona a todos los niveles, especialmente en el emocional, siendo incapaz de enderezar cualquier mínima curva que el destino pone frente a él. No es capaz y acaba complicando las cosas. Y esos desarreglos afectivos vienen a ser el detonante de su vida, porque invade todo lo demás, y en la película se aprecia que esa utopía de separar lo personal y lo profesional suele quedarse en los manuales de los empresarios.



"Like You Know It All" parece establecer continuidad directa con "Woman on the beach" y, al igual que en esta y en otras muchas, el mar, la playa, juega un papel simbólico decisivo, como aquel lugar de calma al que quisiera acceder el protagonista sin lograr nunca llegar a él. Y entre ligereza y profundidad se mueve la película, con sus largos planos secuencia y un naturalismo que tiene mucho de rohmeriano, de disfrute del momento y de regocijo ante lo aparentemente banal. Porque Hong celebra la vida a cada instante, para bien o para mal, entre comilonas, botellas de alcohol y deslizamientos de sábanas. Hong juega con sus películas y muestra esos resortes escondidos de cada ser humano que se mueven en una aparente aleatoriedad, saltando de la calma a la furia y de la suspicacia a la necesidad de comunicación y afecto. Porque, al fin y al cabo, por mucho que intentemos negarlo y muy fuertes que nos creamos, todos estamos necesitados y somos vulnerables en cuanto entornamos un párpado.


domingo, diciembre 30, 2007

2007: mis 10 recuerdos cinematográficos

1.-Portugal. Cuando yo pensaba que nuestro país vecino tenía un enorme potencial literario que, sin embargo, sólo se veía refrendado en el mundo cinematográfico por algún director aislado como Manoel de Oliveira, me he ido dando cuenta de que hay todo un mundo por descubrir en el cine portugués. Además de adentrarme con más profundidad y disfrutar de verdad de algunas películas de Oliveira (como la sublime El valle de Abraham, O dia de desespero, El principio de la incertidumbre y algunas más), he visto por primera vez las obras de algunos directores a los que tenía muchas ganas y que me han maravillado. Por un lado, tenemos al difunto Joao Cesar Monteiro, que, desde unas formas absolutamente rigurosas, incurre en la transgresión de códigos y la búsqueda de unas raíces unívocamente portuguesas a través del humor y la consciencia de la gravedad de la vida y la muerte. Por otro, el cine del futuro, Pedro Costa, que partiendo de un cine social de raigambre bressoniana (como se puede apreciar en Ossos) dirige sus miras a un modo de hacer las cosas que conjuga la ética y la estética, asimilando a los clásicos y redirigiéndolos, mediante una extraña poética de los desamparados, hacia un humanismo que parece coger el relevo de Rossellini y Straub para llevarlo todavía más lejos. Porque el cine social no tiene que ser viejo y acartonado; hay vida después de Ken Loach. Para muestra, Juventude em marcha. Y esto no es todo, porque detrás de estos consagrados viene una interesantísima hornada de directores que, como Teresa Villaverde, demuestran que el cine de su país tiene, desde su pequeña trinchera, una entidad que ya quisieran en cualquier parte del mundo. Y bueno, por último no podemos olvidarnos del padre de toda esta gente, el incansable Paulo Branco.


2.-Hong Sang Soo. El ciclo integral de La casa encendida nos ha permitido conocer el trabajo de este coreano afrancesado (y rohmeriano, al gusto de este blog) que va mucho más allá de los habituales pastiches genéricos a los que se asocia habitualmente el cine de su país. Ya comentamos por aquí en su día cada una de sus películas, y hasta tuvimos un fugaz encuentro cuando vino a presentar Tale of cinema.


3.-Nobuhiro Suwa. Otro descubrimiento oriental. Autor de una película monumental como M/Other, difícilmente superable, que refrenda al cine japonés en un esplendor que en ocasiones se ha puesto en duda (la losa de los clásicos). También vimos su viaje a Europa en Un couple parfait. Ay, afrancesado tenía que ser...


4.-Ozu y Mizoguchi. Dos clásicos que nunca se agotan. Cuando
crees que has visto todo lo esencial, aparecen, circulando por las redes cibernéticas, nuevas películas que te dejan asombrado. Ozu siempre ha sido uno de los predilectos de este blog, y aunque contínuamente parezca hacer la misma película, las obras escondidas entre sus grandes clásicos acaban desvelando parcelas ocultas del sentimiento y la condición humana. Ozu es algo que va mucho más allá del cine y que todavía no he descubierto cómo poder explicar. El final del verano, Primavera precoz, El color del crepúsculo en Tokio..., todas son únicamente misteriosas, en su sencillez y en su inmensidad. Y con Mizoguchi sucede algo parecido, aunque poco tenga que ver con Ozu más allá de la nacionalidad. Parece mentira que en el año 39 pudiera filmar una obra como Historia del último crisantemo; si el melodrama existe, deberíamos mirar a Mizoguchi mucho antes que a Sirk o Fassbinder (bueno, también está Ophüls, pero dejamos para otro día a los seres superiores).

5.-Histoire(s) du cinema. Para muchos, la mayor obra artística del siglo XX. No sólo es reflexión y belleza, también es moralidad, distancia y sabiduría. En fin, Godard. Ha aparecido en DVD, en alguna cadena de televisión digital, e incluso se ha proyectado en cines en Barcelona. Todo para nuestro gozo (aunque algunos no opinen lo mismo...).

6.-Inland Empire. También comentada en su momento, otra obra que mira al futuro desde la absoluta libertad que contó David Lynch para grabar su película más personal. El cine se abre y se fusiona con otras artes, ¿el sueño de los surrealistas? Ante todo, tres horas para disfrutar con la boca abierta.


7.-Les amants reguliers. Película monumental de Philippe Garrel, nunca estrenada en nuestro país, pero que ha discurrido por algunas filmotecas nacionales. Belleza pura en la más sincera mirada al mayo del 68. Igual que con Lynch, tres horas para dejarse llevar, aunque de otra manera. Grande Garrel.



8.-Al oeste de los raíles (Wang Bing). Y hablando de películas largas, este documental chino de más de nueve horas pudo verse en la Filmoteca en tres sesiones. Demostrando que basta una cámara, corazón y un ojo abierto. Erice quedó maravillado, y no es para menos. Cómo hacer que la cámara se disuelva en la vida y el cine cobre trascendencia mediante su desaparición. Sí, nueve horas entre fábricas abandonadas, obreros que sobreviven y..., ¿esperanza? Herrumbre, vestigios, rieles...

9.-Jeanne Dielman, 23 Quai du Commerce 1080 Bruselas. Clásico fundamental del cine de autor que al fin he podido ver y que, quizás a diferencia de otras películas igual de importantes, me ha llegado a lo más hondo. También comentada por aquí más ampliamente.


10.-Navidades en julio. Y para terminar, un clásico de la comedia hollywoodiense, porque también entre lo más comercial se pueden encontrar joyitas. Esta cinta de sólo una hora de duración demuestra que Preston Sturges es un forjador de mitos y, siguiendo los modos de una película de Capra, consigue ir más allá y dibujar todo un mapa emocional y cultural de su país. Para disfrutar pensando o con la mente en blanco después de un duro día de trabajo. Porque, como entendió Sullivan entre presos en la iglesia, al final lo importante se reduce a lo inmediato. Sturges lo entiende y es preciso, inmediato e implacable. ¿Es esta película la autoconciencia de "América"? Por lo menos ayuda a explicarla, a que entendamos cómo las cosas se transforman sin que apenas nos demos cuenta.


Por último, por poner un poco de orden, seguir unas reglas y poder comparar con algo, mis diez estrenos favoritos del año en salas comerciales. Sólo una entró en la lista anterior, pero todas merecen la pena. Obviamente, me falta más de una interesante por ver, como Lady Chatterley o los últimos Auster (en quien confío a pesar de las furibundas críticas) y Ang Lee. Y claro, aparte de las joyas ocultas que hayan pasado silenciosas. Por desgracia no hay tiempo para ver todo.

1.-Inland Empire (David Lynch)
2.-El romance de Astrea y Celadón (Eric Rohmer)
3.-El bosque del luto (Naomi Kawase)
4.-Naturaleza muerta (Jia Zhang-Ke)
5.-Belle toujours (Manoel de Oliveira)
6.-María Antonieta (Sofia Coppola)
7.-Promesas del este (David Cronenberg)
8.-El sueño de Casandra (Woody Allen)
9.-Last days (Gus van Sant)
10.-En la ciudad de Sylvia (José Luis Guerín)

Y claro, antes de desear una buena entrada de año, hay que recordar que hemos tenido año Rohmer, que esperemos no sea el último. ¡Larga salud y actividad, que 88 no son nada!

jueves, marzo 29, 2007

Ciclo Hong Sang Soo (y VII): Woman is the Future of Man

En la primera secuencia del filme Woman is the Future of Man, Hyon-jun le da a Moon-ho 'el regalo' de pisar la nieve acumulada en su jardín. Hyon-jun acepta el regalo primero con unos pasos hacia atrás y luego regresando sobre las huellas en la nieve que él mismo había hecho antes. Esta actitud juguetona podría constituir un detalle insignificante del filme,pero ejemplifica una actitud que simboliza cómo va a desarrollarse. El filme es sobre 'ellos', sobre quienes dan pasos atrás sin haber borrado los actos originales y terminan regresando al punto de partida.
Sung-Nam Hong


Al igual que en otras películas del director, y en general en buena parte del cine oriental, la carga simbólica es muy importante, aunque en esta ocasión no siempre se desarrolla con la misma fortuna y sutileza. El tema fundamental de la película es el de la persistencia de los recuerdos, la necesidad del ser humano de volver, después de un fracaso laboral, emocional o de cualquier otro tipo, a aquellos momentos que se preservan en la alacena de situaciones de emergencia.

Los protagonistas se aferran a algo que han perdido como si siguieran teniéndolo, como si el tiempo no hubiera ocultado las huellas de la nieve y pudieran deshacer el camino permaneciendo mientras todo intacto. No importa la manera de conseguirlo, no importa machacar al amigo (si es que la amistad existe, algo que Hong Sang Soo se plantea constantemente en sus películas sin demasiado optimismo), no importa avasallar y hacerse notar con tal de que la desesperación sea calmada por un recuerdo. Pasado, presente y memoria se funden, siendo el futuro una mezcla imperfecta y degenerada de todos ellos, en la que además se arrastra todo aquello que se vio involucrado en algún momento de la vida.

El retorno al pasado al que intentan llegar los dos protagonistas de la película se ejemplifica en una mujer que ejerce de bisagra, la cual sólo gira en una dirección y se quiebra al intentar forzarla. Hong Sang Soo parece decirnos que la redención es imposible, que nuestros errores siempre quedarán ahí y que un intento de exorcizarlos puede servir sólo para avivar llamas extinguidas hace tiempo. Todo se articula, para no variar, alrededor de la desesperación y el sexo, los dos únicos factores que parecen mover a unos personajes que parecen bastante más esquemáticos que en otras ocasiones.


Y todo esto, que parece tan trágico, tan terrible (en definitiva, la visión del mundo del director, desde su primera hasta su última película), se nos muestra a través de una comedia con momentos realmente divertidos, los cuales esconden una espina que se nos clava aunque no queramos, por tratar temas tan universales que no importa la procedencia de la propuesta. Esta ligereza sigue siendo una de las grandes bazas con que juega Hong, que prefiere hacer una profunda película aparentemente sencilla en lugar de un pretencioso y vacío film cargado de falsa trascendencia.


Sin embargo, la película me termina resultando fallida, especialmente por una última parte en la que se parece destruir la estructura construída durante todo el metraje. Y con la estructura no sólo me refiero al armazón narrativo y a la presencia de los personajes, sino que el tema parece cambiar de repente, y lo que parecía iba a ser un magnífico estudio sobre la irrecuperabilidad del pasado y la esclavitud del hombre a su memoria, se convierte en una reflexión sobre la influencia de la vanidad y el deseo en los comportamientos humanos. La película se carga poco a poco de diferentes temas sin conseguir desarrollar ninguno como se merece, y en su (oculta) ambición se acaba perdiendo dejando demasiado de lado a los personajes. Conociendo el cine de Hong Sang Soo estoy convencido de que la imperfección estructural es premeditada, un intento de innovación que se me antoja fallido, y que conseguirá plasmar posteriormente con mucho más acierto en su reciente Woman on the beach.


En definitiva, me parece que estamos ante una película poco conseguida a nivel global que, sin embargo, contiene muchos instantes del mejor cine de su autor, como toda la secuencia del trío de borrachera en el apartamento de la chica, alguna secuencia onírica, o muchos detalles de sutileza y sensibilidad impresionantes. Tengo que reconocer que he disfrutado mucho en los 88 minutos de duración, aunque el listón estaba altísimo.


viernes, marzo 16, 2007

Ciclo Hong Sang Soo (VI): Virgin Stripped Bare by her Bachelors


La tercera película de Hong Sang Soo, Virgin Stripped Bare by her Bachelors, parece cerrar una primera etapa preocupada por la construcción de estructuras narrativas férreas, al servicio de un estudio complejo y detallado del subjetivismo y el punto de vista. En este sentido, puede ser éste su film más característico, más autoconsciente de esa búsqueda, utilizando para ello una narración en torno a dos voces, y articulada, como ya es habitual, alrededor de un trío de amigos, compañeros, amantes...


Virgin Stripped Bare by her Bachelors es una película completamente simétrica, de estructura refinadísima, organizada como un misterioso puzzle que va mutando según la identidad de su constructor. Resulta difícil comentar sobre este film sin desvelar detalles que llaman mucho la atención, pero da la impresión de que Hong lleva al límite sus preocupaciones relativistas tanto en el fondo como en la forma.


La acción se nos muestra fragmentada en pequeños capítulos que desgranan las diferentes partes, de una manera similar a la que empleará en la inmediatamente posterior
Turning Gate. Esta decisión, que en un primer momento puede resultar forzada o algo artificiosa, resulta muy clara como declaración de intenciones, mostrándonos que estamos presenciando una falsa realidad, una estilización de la misma que nos permita comprender mejor los mecanismos que mueven las decisiones y sentimientos humanos. Así, Hong Sang Soo nos viene a recordar constantemente que estamos viendo una película y que, por lo tanto, nos encontramos ante una deconstrucción de la realidad. Por ello también utiliza algunos recursos para hacernos ver "la trampa del cine" (idea que desarrollará totalmente en Tale of Cinema), que pueden recordar otras ilustres derivas ficcionales como las de Haneke en Código desconocido, Bergman en Persona o Lynch en INLAND EMPIRE. En una escena, por ejemplo, asistimos a la subida de un teleférico, que se acerca frontalmente a una cámara fija que creemos inexistente, situada en la cima desde el punto de vista de algún personaje. Pero cuando el teleférico se ha acercado lo suficiente, vemos que la cámara comienza a moverse lentamente hacia atrás, y sobreviene el rumor de una conversación. Es ese instante cuando comprendemos el engaño, cuando nos damos cuenta de que estábamos dentro del teleférico que marchaba delante del que veíamos en pantalla... Hong nos recuerda que no debemos dejarnos llevar tan fácilmente, que tenemos que reflexionar a cada momento ante lo que vemos, cuestionando todas las miradas y no despreciar ninguna. Así pues, la exploración de los puntos de vista es total: mediante la naturaleza de la historia narrada, la manera de contarla, y la inclusión de esos elementos distanciadores. Cada espectador se convierte en un nuevo punto de vista, completando los de los personajes implicados, y pasando a formar parte de un nuevo cine interactivo.

viernes, marzo 09, 2007

Ciclo Hong Sang Soo (V): Turning Gate

En una escena de Turning Gate dos amigos visitan a la amiga de uno de ellos en su escuela de danza, donde ella les interpreta un baile clásico, otro moderno y una salsa. De este modo, Hong Sang Soo parece decirnos que en su obra se integran tres tipos de cine: por un lado la vertiente clásica, orientalizante, heredera directa de Yasujiro Ozu; por otro lado tenemos un cine comprometido con la postmodernidad, autorreflexivo con el medio, autobiográfico, formalmente audaz, preocupado por fundir realidad y ficción en una masa compacta e indivisible; y por último, un lado popular que hace sus películas accesibles al gran público, mostrándonos inquietudes que son las de todos y conflictos con los que cualquiera puede identificarse fácilmente.


Por esta razón (aunque los films de Hong Sang Soo escondan en sus entrañas una enorme complejidad), me extraña muchísimo la invisibilidad de este director en nuestro país. Creo que es alguien que tendría su público (un público fiel, además), que podría ampliarse sin ninguna dificultad. En los últimos tiempos se han estrenado algunas películas de similares latitudes mucho más arduas para el espectador, como Tropical Malady de Apichatpong, Three times de Hou Hsiao Hsien, o El sabor de la sandía de Tsai Ming Liang. Así que no sé suál será la razón de este olvido que ya empieza a durar demasiados años.


Pero volviendo a lo que nos ocupa, Turning Gate se nos abre como un fascinante cofre de metáforas donde la desolación y la tragedia se presentan disfrazadas de comedia, de fina ironía. Pero claro, en ocasiones no hay nada tan punzante, duro y (en este caso) patético como un golpe de humor soterrado y desencantado. La película vuelve a presentar una estructura fragmentada en dos partes, la primera recurriendo una vez más al ya comentado trío entre amigos del que tanto partido saca el director, y la segunda centrando la miranda en sólo dos personajes. En general podemos ver el film como un viaje de imposible redención que el protagonista (un actor de cine recientemente fracasado) emprende sin esperanza alguna, como movido por inercia, sabedor de que el amor es algo ajeno a él, y buscando refugio en el sexo y otras actividades a las que le resulta más fácil acceder. Hong Sang Soo juega con el recuerdo, la memoria y su proyección en el presente, al tiempo que reflexiona, más claramente que nunca, sobre el tema del azar, señalando con absoluta claridad el papel impulsor que el ser humano debe tomar para que ese azar exista. Me explico. El azar está continuamente en nuestras vidas, nos invade y nos sorprende sin que casi nos demos cuenta, y sólo a veces somos conscientes de ello. En ese momento podemos hacer que ese azar florezca o que se diluya en el tiempo, según la opción que elijamos, según la personalidad del sujeto y las circunstancias que envuelvan el momento concreto. Este tramo de la película (que no desvelo porque todo el que la haya visto habrá identificado) nos remite con claridad a Antes del amanecer, la sorprendente comedia de Richard Linklater, al tiempo que nos invita a pensar en el viaje iniciático que emprendió el director de cine de la película de Preston Sturges Los viajes de Sullivan.


Aunque más enmascarado que en otras ocasiones, volvemos a tener un juego de espejos, de plano-contraplano, como define la crítica, en una película que se dobla limpiamente sobre su eje, mostrándonos el contraste entre un amor funcional y de ocasión y un amor verdadero y sentido. Me resulta difícil encontrar una película donde las escenas de sexo (descarnadas y esclarecedoras una vez más) revelen tanto acerca de la naturaleza de las relaciones de las personas que las protagonizan.






Seguramente sea, el protagonista de esta historia, el personaje más cercano al espectador de toda la filmografía de Hong Sang Soo. Esto no significa que estemos ante una caracterización más positiva: sigue siendo un truhán con los mismos defectos, problemas, inseguridades y arrebatos de otras veces, pero la ternura con que le trata la cámara lo convierte en alguien entrañable. Quizás en el descubrimiento del amor verdadero que decíamos antes radique el absoluto encanto de esta obra maravillosa, una de las más cuidadas de su director, en la que podemos disfrutar de los planos más profundos, sentidos, alegóricos y mejor compuestos de todo el cine de Hong Sang Soo.

viernes, marzo 02, 2007

Reseñas recomendadas

Hace ya algunos días que terminé de leer el libro de relatos Putas asesinas, de Roberto Bolaño. Me ha gustado bastante, aunque me parezca irregular, y algunas imágenes especialmente potentes todavía se guardan en mi memoria. Esos padre e hijo surcando burdeles como si navegaran hacia ninguna parte, ese fantasma confraternizando con su violador, esos futbolistas conjurando la fortuna en una habitación de hotel... Hay relatos que no me han dicho nada, pero otros que cautivan por su atmósfera y honestidad. No voy a decir más, porque lo que quiero recomendar es la magnífica colección de reseñas que hizo Portnoy en su blog, comentando cada uno de los relatos (1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11, 12, 13) y apuntando uno de los aspectos más interesantes del libro, la multiplicidad de narradores, que nos da mucho juego en el siempre bolañista terreno de la realidad y la ficción.
Personalmente, yo también prefiero al Bolaño novelista; un libro como Los detectives salvajes se me antoja casi insuperable... (Me reservo 2666 para el futuro, por no gastar tan pronto los cartuchos más potentes).

Y ahora una recomendación cinematográfica. Ya que estamos en plena saturación coreana, Miradas de cine saca un especial sobre el nuevo cine coreano, con artículo de rigor para nuestro amigo Hong Sang Soo.

Ciclo Hong Sang Soo (IV): Woman on the beach

Woman on the beach, la última película hasta la fecha de Hong Sang Soo, se articula en torno a la figura de un director de cine, cuyo carácter y catarsis emocional se nos muestra a través de sus relaciones con las distintas personas de su entorno. La gente pasa por su vida dejando una huella que poco a poco va siendo ocultada por la lluvia inclemente. De repente cesa la lluvia, sale el sol y se evaporan sedimentos dejando el pasado al descubierto.


Se puede ver Woman on the beach como una comedia de enredo, como un profundo drama antropológico o como una ligera indagación costumbrista; pues bien, siendo todo eso, es muchísimo más. El humor está mostrado por primera vez sin tapujos (aunque sin forzar, en suaves pinceladas), sin miedo a la infravaloración; la cámara se libra tanto de los encorsetados planos estáticos de los primeros filmes como del nervioso y excesivamente impetuoso zoom de Tale of cinema; los temas tratados son los mismos, desde el peso de la memoria hasta las nostálgicas cenas de amigos, desde el egoísmo nunca asumido hasta la necesidad de la proximidad de los cuerpos, pero hay algo nuevo, un brillo indescriptible, una conciencia de su imposibilidad de trascendencia, mostrado a través de las inútiles disertaciones filosóficas en labios del personaje central; hay una mirala más limpia, una brisa mojada sobre un rostro que suplica en silencio.


De las cuatro películas que llevamos en el ciclo, Woman on the beach me parece la más perfecta y hermosa, la que respira con mayor libertad, la que se encoge cuando respiras, la que fluye cuando parpadeas. La bruma sobre la arena de la playa nos hace saborear el desánimo, el pesimismo, la angustia de la que habla el protagonista..., nos hace ver que por nosotros mismos no somos nadie. Del mismo modo que un coche atascado en la arena necesita del impulso ajeno para salir adelante, los protagonistas, nosotros, echamos en falta la compañía que en otros momento hemos descartado. Llega un momento en que echamos de menos a los compañeros más aburridos y plastas; echamos de menos la caricia furtiva de la mujer que nos asfixia; nos arrepentimos de las decisiones que adoptamos por su supuesta honestidad, cuando en realidad sólo contienen virulencia y resentimiento jamás asumido. Nos resulta fácil percibir defectos en los que nos rodean sin pararnos a pensar (sin querer pararnos a pensar) en las debilidades y fracasos de nuestro modo de ser. Una ausencia de cinco minutos puede ser terrible para el que espera e imperceptible para el que se esconde. El punto de vista sigue siendo lo fundamental. Los sentimientos se expresan mediante el aislamiento, haciendo ver la única cosa que importa en el único instante que vivimos y dejando fuera todo lo demás. Ahora bien, en el afán de objetividad, ¿sería justo sacrificar esos mágicos momentos que le dan sentido a una vida sólo para no hacer daño a un tercero que queda fuera del círculo? Hay muchas formas de verlo, todas correctas. Todas injustas.


Hong Sang Soo nos suele proponer historias a varias bandas, a tres en este caso, o tres por dos si somos más rigurosos, para evidenciar esa multiplicidad de emociones y puntos de vista. Pero cuidado: al menos en este caso no estamos ante una película coral. Al contrario, todo gira alrededor del protagonista, y el enjambre que lo rodea nos sirve para conocer la proyección de su figura en los sentimientos de los demás. Los demás no son un contrapunto, no son “otra manera de ver las cosas” (aunque parezca una contradicción con el párrafo anterior), sino un complemento de la concepción poliédrica del individuo, una forma de completar la definición del individuo, algo que se persigue a lo largo de todo el metraje. Por esa razón podemos pensar que el hecho de elegir una profesión como la de director de cine no es aleatoria, sino plenamente consciente de su carácter íntimo y autobiográfico, con la verdad por delante y sin necesidad de ninguna máscara que empañe las intenciones finales.


Hay películas que se sienten irracionalmente durante el visionado para después ir ganando en ideas, significados y complejidad cuando se asimila el agresivo verismo de lo narrado. No quería volver a mencionar a Rohmer, pero ésta es la película en que Hong Sang Soo más se le acerca, como si estuviera filmando una de sus Comedias y proverbios, convirtiendo la ligereza de una comedia en algo hondo, profundo, abrigado en sus distintas capas y en su intensa capacidad autorreflexiva.


Hace unos días comenté que INLAND EMPIRE me parecía sin duda la mejor película del 2006. Con Woman on the beach y Cartas desde Iwo Jima ya podemos configurar un podium dignísimo, lleno de sabiduría y cine de altura.





Crítica en Cine y Política
Crítica en FM Team
Crítica en El Camino de Méséglise

jueves, febrero 22, 2007

Ciclo Hong Sang-Soo (III): The Power of Kangwon Province

En esta ocasión no salgo tan emocionado de la película de Hong Sang Soo, que no sé si me ha decepcionado por su vuelta a lugares comunes, la frialdad de lo filmado o la aparente insustancialidad de los personajes. El coreano vuelve a jugar con el punto de vista, partiendo de una propuesta muy interesante que no se nos desvela hasta bien entrado el metraje: vemos una relación de pareja a través de cada uno de los dos protagonistas, observando el mundo en que cada uno se mueve por su cuenta. A partir de ahí el espectador debe reconstruir el núcleo central de la obra, la naturaleza, transcurso y ruptura de una relación amorosa, que no se nos muestra (salvo en un inciso final) para intentar evocar un misterio que, en mi opinión, se ve superado por el desinterés.



Las constantes de Hong Sang Soo siguen siendo las mismas; esta vez se limita a utilizar planos estáticos y un único fundido en negro para partir las dos mitades de la cinta; hace gala de su habitual sutileza y carácter elíptico, en esta ocasión aún más acusado que en sus otras películas comentadas (pero alejado, por ejemplo, del carácter de caleidoscópico rompecabezas que hacía fascinante The day a pig fell into the well).


Casi todos los grandes directores hacen una y otra vez la misma película, y Hong Sang Soo no es una excepción. A partir de mínimas variaciones de un mismo tema se puede ir confabulando un universo maravilloso, de manera que cada pieza resulte viva y refrescante por sí misma. Sin embargo, creo que en The Power of Kangdom Province los actores están demasiado faltos de naturalidad, muy ocupados en mostrarnos a través de su frialdad el momento de desequilibrio emocional que viven. Hay momentos de humor que intentan aligerar el peso y cambiar el tono de la historia, pero que me parecen desequilibrantes de la armonía general.


Aun así, una película muy recomendable y que, a pesar de no explotar todas sus posibilidades, representa un cine inteligente y vívido, necesario en el mundo en que vivimos. Hong Sang Soo nos tenía demasiado bien acostumbrados. La semana, todas las esperanzas puestas en Woman on the beach.


PD: Hong Sang Soo debería tener algo más de cuidado con los micrófonos, que quedan demasiado feos en pantalla. ¿O lo habrá hecho a propósito en su sempiterna obsesión metacinematográfica?

Reseña en Plunderphonics

viernes, febrero 16, 2007

Ciclo Hong Sang-Soo (II): Tale of cinema

Llegué anoche a casa encantado tras el fantástico encuentro con Hong Sang-Soo. El coreano es todo humildad, inteligencia y simpatía; viéndole nadie diría que se trata de uno de los directores más importantes del panorama internacional, totalmente alejado del sentimiento de divo de otros grandes (y no tan grandes) del mundo del celuloide.

La cita comenzó con una pequeña introducción de Hong Sang Soo (presente antes, durante y después de la película, no como suele ocurrir en este tipo de eventos), donde decía que ésta era su película favorita de entre todas las suyas, y por eso la había elegido para este día. A continuación se procedió a la proyección.


Tale of cinema es una reflexiva, inteligente y emotiva vuelta de tuerca a la dualidad realidad-ficción, donde se nos presentan dos historias situadas a ambos lados del espejo, una dentro de una pantalla de cine y otra más allá del patio de butacas; el film nos hace formularnos la truffautiana pregunta de si es el cine (o, por extrapolación, el arte) el que imita a la vida o la vida la que imita al arte. Sea cual sea la respuesta, el cine se convierte en algo que forma parte de nuestras vidas y la ficción se transforma en realidad, cruzando la estrecha franja que convierte el cine en un sencillo y natural milagro.


Hong vuelve a jugar con las estructuras narrativas y con el punto de vista,lo que parece ser el tema fundamental de su obra, preocupada por entender la naturaleza humana desde todas las perspectivas posibles. Para ello sigue utilizando las relaciones de amistad y pareja como forma de comprender los deseos (casi siempre egoístas, pero a veces algo también inocentes y puros), y nos da la sensación de una veracidad autobiográfica, como si filmando un diario personal desnudara las verdades más inaccesibles. Aunque huye de todo maniqueísmo, podemos observar en Hong una tendencia a mostrar los personajes masculinos llenos de amargura, falsedad y bajeza moral (aunque, posiblemente, todo eso sea consecuencia de una imperiosa necesidad de amar y ser amado, simbolizado por unas relaciones sexuales inconclusas o materialistas, según en qué zona del espejo nos movamos).

La película se sostiene sobre tres bastiones fundamentales (cine, autobiografía y suicidio) que nos hacen emparentarla con Philippe Garrel, el más desgarrado de los directores franceses contemporaneos; sin embargo, estilísticamente estaría más cercana a Eric Rohmero o incluso a Robert Bresson. Algunas secuencias se abren con primeros planos de objetos o partes del cuerpo (planos que sólo parecen adjudicables a Bresson), abriendo a continuación la imagen para situarnos en el contexto en que nos movemos y superar la desorientación inicial que nos muestra, de ese modo, la alienación en que viven los personajes. De esta manera se rompe la tradición clásica acercándonos a esos caminos inexplorados que ya aventuró Paul Schrader en su famoso libro. Así pues, resulta muy destacable el uso del zoom a lo largo de toda la película, empleado sabiamente para resaltar emociones, aunque pueda descolocar en un primer momento al romper con la austeridad que marca el tono del film.

Hong reflexiona sobre el cine, la amargura, la insatisfacción, la vida y la muerte, brindándonos una historia sencilla, despojada de ornamentos y que va a lo esencial, prescindiendo de cualquier efecto melodramático pero mostrándose rica en matices y emociones. Triste pero esperanzada en el fondo. Eso es algo sólo al alcance de los grandes maestros.

Y al final me quedo con su estilo sutil, sin subrayados, que no necesita mostrarnos un patio de butacas para decirnos que lo que estábamos viendo era una película, y que se aleja de ese modo de una forma radical del masticado cine comercial que se suele premiar últimamente por tierras hollywoodienses. Es todo un respiro, un soplo de aire fresco, una maravilla para los sentidos.



Al terminar la proyección volvió a salir el director a la palestra, listo para responder preguntas que fueron desde lo interesante hasta lo turístico o lo absurdo. Una de las cosas que destacó fue, por estar en España, la figura de Luis Buñuel, que reconoció fundamental; también le preguntaron por el obvio tema de la dualidad realidad-ficción, respondiendo que la realidad y la ficción podían ser la misma cosa, desde el momento en que la ficción de una persona es la realidad de otra. (Ésta puede ser la frase fundamental para entender su cine, y su fijación casi obsesiva por el subjetivismo y el punto de vista). Sobre el uso del zoom comentó el tema de la alienación de los personajes, además de señalar las facilidades para los actores, de los que se puede extraer de ese modo una interpretación más natural. Sobre la relación entre su vida personal y la vida plasmada en pantalla (algo de lo que trata también la película, en la figura del director de cine) destacó una anécdota: él siempre fuma Marlboros rojos al salir del cine, de la misma manera que lo hace su protagonista. (Esa concreción en los detalles le hace ganar mucha vida a la cinta).

Después de aquello salimos a la calle, él rodeado por un puñado de amigos coreanos y disertando amablemente con los espectadores, como si fuera uno más. Ya en la puerta de La casa encendida me arrepentí por no haberle preguntado por Eric Rohmer, así que me acerqué a él y me reconoció que era uno de sus directores favoritos, y que actúa como una influencia importante, lo que no quita que él lo lleve a su terreno y a su propio mundo personal. Me respondió bajito, casi susurrando al oído, con una sonrisa perenne en los labios y haciéndose entender en todo momento. Después, cuando ya nos íbamos, uno de los amigos que me acompañaban sacó la cámara y nos hicimos una foto. Al terminar Hong Sang-Soo inclinó la cabeza tres o cuatro veces y me tendió la mano cuando yo ya iba a marcharme. Seguidamente se juntó con el corrillo de coreanos y nos alejamos dejándolos atrás. Qué encanto de hombre...

domingo, febrero 11, 2007

Ciclo Hong Sang-Soo (I): The day a pig fell into the well

El coreano Hong Sang Soo debutó en la dirección hace ya más de una década con una película que parecía marcar la moda que ahora soportamos de las historias cruzadas. The day a pig fell into de well nos cuenta las vidas de cuatro personajes entrelazadas de una manera que, aunque pueda no parecerlo, nos sorprende por su originalidad y sutileza.

Las cuatro historias se van sucediendo secuencialmente, una tras otra, sin alterar el orden cronológico ni recurrir a otras estratagemas comerciales que calmen al espectador más impaciente. Hasta el tramo final de la película, cuando llega un momento en que el puzzle encaja con precisión matemática, no estamos muy seguros de que los personajes estén relacionados entre sí, y Hong Sang Soo se limita a ir dejándonos pistas que nos anticiparán el significado último de lo narrado. De esta manera se permite al espectador ir por delante, y no sorprenderse por el ensamblaje de las historias (huyendo así de cualquier efectismo) sino por las consecuencias de las mismas en los personajes.

Se tiende a decir que las películas de historias cruzadas se basan en el azar; no estoy muy de acuerdo y, desde luego, éste no es el caso. Hong Sang Soo reniega del azar y basa su cine en el perspectivismo, estableciendo una polifonía de emociones como una Virginia Woolf contemporánea. El punto de vista y el subjetivismo son los ejes alrededor de los cuales se articula el discurso de la película, consiguiendo llegar al psicologismo a través de la estructura formal y no de discursos explícitos. Aquí radica la fuerza y la novedad de la propuesta del director coreano, que monta una película interactiva, que analiza sin juzgar a través de una puesta en escena limpia y sosegada, y nos invita a un ejercicio de introspección que puede deparar resultados muy estimulantes.




El ritmo de la acción puede parecer lento, fundamentalmente porque la mayor parte de los acontecimientos no se nos muestran, sino que se sugieren a través de su efecto en alguna otra de las historias y mediante un maravilloso uso de la elipsis. Esto mismo le da a la película buena parte de su encanto y misterio, contando dramas íntimos como apasionantes intrigas policiacas.

La dirección es impecable, basada sobre todo en largos planos secuencia (nunca agónicos como puedan ser los de Tsai Ming Liang), pero también en un montaje más ligero, y la aparente falta de medios queda eclipsada por una composición de planos perfecta, adecuada a cada momento anímico, iluminando en momentos de tristeza callejones oscuros como si fuera Wong Kar Wai, mostrándonos mediante planos cenitales el vértigo que embarga a los protagonistas en situaciones determinadas y, lo que es más importante, haciendo gala de una sobriedad encomiable y convirtiendo la contención en la mejor arma. Si hubiera que buscar alguna influencia tendríamos que ir directos a la Nouvelle Vague, fundamentalmente a través de Eric Rohmer (y su apabullante dominio del diálogo y el espacio), pero también podemos rastrear vestigios de Godard, Truffaut o Rivette.


Y no quiero acabar estos apuntes sin resaltar la importante función del sexo en la película, que actúa como el demiurgo que lo coordina todo y sirve de motivación inconfesable de los sucesos desencadenados. Su papel es doble: tanto a nivel temático, por su función catártica y de liberación de cada personaje, como a nivel formal, por su situación en la estructura de la película, cerrando cada una de las historias como una puerta que nos lleva de un abismo a otro abismo.
En definitica, estamos ante una ópera prima que nos señala que podemos estar ante uno de los creadores más importantes de los últimos tiempos, lleno de pasión, inteligencia, y fuerza visual. Las próximas semanas lo comprobaremos viendo las otras seis películas del ciclo (todas las que hasta ahora forman su aún escueta filmografía). Ojalá que no sea un espejismo.

Ciclo Hong Sang-Soo en La casa encendida

Desde el pasado miércoles y durante las próximas semanas tendremos la ocasión de descubrir a este director coreano, hasta ahora sin distribución en España. El programa es el siguiente:

07.02.07
18:00--The power of Kangwon Province (1998)
20:00--The day a pig fell into the well (1996)

14.02.07
18:00--The day a pig fell into the well (1996)
20:00--Tale of cinema (2005)
(con la presencia del director)

21.02.07
18:00--Tale of cinema (2005)
20:00--The power of Kangwon Province (1998)

28.02.07
18:00--Turning gate (2002)
20:00--Woman on the beach (2006)

07.03.07
18:00--Woman on the beach (2006)
20:00--Turning gate (2002)

14.03.07
18:00--Woman is the future of man (2004)
20:00--Virgin stripped bare by her bachelors (00)

28.03.07
18:00--Virgin stripped bare by her bachelors (00)
20:00--Woman is the future of man (2004)

Desgraciadamente, no podremos ver las películas por orden cronológico para poder apreciar la evolución del director, pero habrá que conformarse con lo que hay.
Intentaré ir los miércoles al pase de las 20:00 y después hacer por aquí un breve comentario de cada película.
Todas las proyecciones tienen lugar en La casa encendida por un precio de 2 euros.