El otro día tuve un golpe de suerte. Entré el en magnífico blog de Red Stovall, Maelo Cinema, que casualmente acababa de descubrir, y me encontré con que justo había publicado el V concurso Maelo Cinema (que va sucediendo periódicamente sus ediciones). Así que tuve la suerte de reconocer un par de pelis y a partir de ahí sacar el resto de preguntas buceando por la red. En definitiva, me tocó una película de una lista y yo elegí La extraña pasajera.
Así que ante todo quiero agradecer a Red Stovall que me haya permitido descubrir este gran clásico, famosillo pero no demasiado reconocido, que permite saborear el mejor cine del Hollywood de la época.
Se trata de un melodrama con Bette Davis, pero construído sobre un sólido guión, con algunos diálogos fabulosos y unos personajes muy bien dibujados. La trama avanza imparable a lo largo de todo el metraje, dejándote regustar el sabor añejo del sentimiento que impregna la pantalla, pero sin caer en excesos ni trampas demasiado habituales en este tipo de películas.
La película se recuerda por muchos motivos, pero quedan grabadan las escenas en que Paul Henreid enciende los cigarrillos de dos en dos para ofrecerlos a Bette Davis, o el final que no desvelaré, con una frase mítica que zanja a la perfección una magnífica cinta.
Si le tuviera que poner algún reparo, quizás en algún momento me pareció algo moralista, o me sobraba algún subrayado de la voz en off de la protagonista, pero la historia es tan absorbente, la interpretación de Bette Davis tan majestuosa, que todo eso se puede pasar por alto.
Un clásico completamente a la altura.