sábado, abril 21, 2007

El eclipse, de Michelangelo Antonioni

Dos personas no deberían conocerse tan bien si quieren enamorarse

Es El eclipse una película de símbolos ambiguos desde el mismo comienzo, con el título, y su sorprendente (por su demora) y predecible (por su literalidad) secuencia final. El eclipse se produce a diferentes niveles, y en cierto modo se puede entender como un eclipse inverso, puesto que el personaje de Monica Vitti, eje central de la película, vive angustiada en todo momento, como presa de una oscuridad permanente, y sólo parece reírse, disfrutar de un gozo ilusorio y casi irreal en momentos puntuales, extraños y volátiles como un eclipse, instantes en que se deja llevar en compañía de alguien a quien realmente desprecia, y que cesan en cuanto vuelve a tomar conciencia de la realidad. Y un eclipse más gráfico está presente en dos momentos de la película que parecen condensar toda su esencia: los besos con Alain Delon eclipsados por el cristal de una ventana.



La película comienza con una magnífica escena en la que vemos cómo Monica Vitti decide romper la relación con su pareja (Paco Rabal) después de una noche de, suponemos, árida discusión. No sabemos lo que falla en la relación, es un misterio como casi todo lo que envuelve la película y al ser humano; lo único seguro es que ella no puede aguantar más, vive encorsetada, angustiada en una situación opresiva que necesita un cambio. El cambio, sin embargo, puede ser lo que provoca el miedo de Monica Vitti, el miedo ante una relación que ha dado todo lo que puede dar y que se ve abocado a un inminente matrimonio. De esta manera, ella no opta por un cambio, sino por una vuelta atrás, hacia algo conocido, una soltería que la libere de las cadenas que amenazan con atarla el resto de su vida.



Podríamos analizar muchísimos detalles de la película, que nos presenta una turbulenta relación con la madre (en una parte central que me parece menos consistente que el resto), y una posterior relación que tiene mucho de enfermizo y represivo.

Alain Delon (alejado de la lección interpretativa de su compañera) se nos muestra como una auténtica ave de rapiña, un monstruo dentro del infierno de su trabajo: la bolsa de valores. Monica Vitti siente repulsión por ese mundo y por él mismo, y en cierto modo es consciente de que la atracción sexual es lo único que lo atrae hacia ella. Sin embargo, finalmente se deja llevar por la presión, por su mala conciencia al haber dejado a su anterior pareja, por calmar a su madre (arruinada por especular en la bolsa), por una sensación de que nada importa realmente, ni siquiera las ideas más profundas y sinceras, o por una suma de factores que sólo suponen una simplificación de los auténticos sentimientos. Ella, a pesar de su aparente abulia, demuestra ser un personaje tremendamente inquieto; escruta como una detective todo lo que se le pone por delante, se deja fascinar por lo extraño, lo exótico, pero examina todo con el máximo respeto, reprimiendo sus sentimientos y expresándolos solamente en alguna frase accidental (sobre su amiga de África, sobre el mundo de la bolsa...), en alguno de los eclípticos momentos de euforia en que se siente liberada, como si temiera causar algún daño como el que ella sufre por circunstancias más o menos intangibles.



Y no podemos dejar de mencionar a la otra gran protagonista, una atípica ciudad de Roma, vehículo perfecto para mostrar lo que Antonioni desea que sintamos. Lo que vemos en los 120 minutos de metraje es una poética de la desolación, un canto a los callejones sin salida, y una comprensión consciente de la imposibilidad de comprensión.



En las películas de Antonioni, al igual que en Bresson, da la impresión de que se desprecie todo resquicio de psicologismo, huyendo de la causalidad de las acciones y los comportamientos de los personajes. Hay muchas diferencias en el cine de ambos directores, pero, fundamentalmente, creo que Antonioni intenta acercar al espectador a los sentimientos de los personajes (a través del paisaje, de la expresión de los actores, de la cadencia de los planos...), a diferencia de Bresson, que en su recalcitrante nihilismo humanista (que fue a más con los años) parecía considerar toda posible identificación una tarea vana, centrándose más en la dimensión espiritual de lo narrado. De este modo, considero a Antonioni un director bastante más optimista, con resquicios de fe, de esperanza en que todo puede cambiar cuando consigamos escuchar, comunicarnos, entendernos... Por más que a día de hoy (igual que cuando él filmaba) esto parezca una utopía. Podríamos decir, a modo comparativo, que Bresson es pesimista por naturaleza, que Antonioni es optimista por naturaleza y pesimista por convicción, y que Bergman es optimista por naturaleza, optimista por convicción y pesimista por inteligencia.

Y finalmente, imagen y dedicatoria a la presencia más turbadora que nos ha dejado el cine en sus más de 100 años de historia: Monica Vitti.






sábado, abril 14, 2007

40 años después...

Quizá Godard sea el único director actual interesado en el "cine filosófico" y que posee una inteligencia y una discreción adecuadas a la tarea.

Susan Sontag, 1964, a propósito de Vivre sa vie. Recogido en la recopilación de ensayos Contra la interpretación.

Vivre sa vie, 1962


Éloge de l'amour, 2001

martes, abril 10, 2007

Adulterios, de Woody Allen, en la ETSIT

Sólo conozco algo de la obra teatral de Woody Allen a través de un par de adaptaciones cinematográficas. La primera, Sueños de un seductor, presagiaba, en plena época de slapstick, las obras de más calado que nos ofrecería pocos años después. Como Woody no se creía preparado para la dirección, la dejó en manos de Herbert Ross, que ejerció una labor bastante rutinaria, pero dio lugar a una película muy estimable y divertida, sentimental homenaje a Bogart en general y a Casablanca en particular.

Años más tarde, el propio Woody adaptó para la televisión una obra teatral de sus inicios: No te bebas el agua. El resultado es una comedia alocada sobre conflictos burocráticos internacionales, pretendidamente menor pero absolutamente libre de prejuicios y desternillante.

Seguramente no sean lo mejor de la obra del genio de Brooklyn, pero resultan absolutamente recomendables, e imprescindibles para sus fans, con algunos detalles que nos remiten al autor que tanto nos gusta.


Pues ahora, aunque aviso un poco tarde, animo a todo el que resida en Madrid a que se acerque a la ETSIT a ver sobre las tablas otra obra de Woody Allen. Ayer fue el primer pase, pero hasta el sábado aún hay tiempo. El grupo de teatro de la ETSIT, No es culpa nuestra, que tan buenos ratos nos ha hecho pasar en otras ocasiones, nos presenta su obra Adulterios (al parecer, sus últimas creaciones para el teatro, representadas con gran éxito en Nueva York). Yo intentaré pasarme el jueves, ya comentaré lo que me parece y la intentaré encuadrar en el inconfundible universo alleniano.


No Es Culpa Nuestra
presenta

ADULTERIOS

de Woody Allen

del 9 al 14 de Abril, a las 20:00h
E.T.S.I. de Telecomunicación de la U.P.M. (mapas)
Salón de Actos, Edificio A (Sanz Mancebo)
Entradas a 2 €
Metro: Ciudad Universitaria
Buses: G, U, F y 82


Recuperando a Woody Allen I
Recuperando a Woody Allen II
Recuperando a Woody Allen III

lunes, abril 09, 2007

La vida instrucciones de uso, de Georges Perec

“Me imagino un inmueble parisino al que le arrancaran la fachada.” Georges Perec



Al terminar la lectura de "La vida instrucciones de uso" sólo queda una sensación de enormidad, de no poder abarcarlo todo, de maravilla encorsetada en 600 páginas que forman un relato corto. Porque este libro podría ser infinito, al menos si la genialidad no tuviera fin.

Perec nos presenta una urdimbre de historias entrelazadas silenciosamente a través de un edificio parisino que vive su decadencia. Porque la decadencia de un edificio es la de sus habitantes, y Perec se muestra extremadamente minucioso y conscientemente nostálgico. La novela es un gran juego (¿no es todo un juego, en definitiva?), pero esto no la priva de tener mucha más alma que las novelas pretendidamente serias. Perec demuestra ser un romántico, busca lo que se esconde en la trastienda y lo cubre con un artefacto deslumbrante, que no puede ocultar la emoción latente en cada detalle y la empatía con sus personajes.


Siempre había tenido referencias de "La vida instrucciones de uso" como una novela ardua, difícil de leer, de esas a las que se debe entrar con todo el respeto que se debe a los grandes. Creo que a Perec no le gustaría eso porque, siendo uno de los grandes, su novela es, seguramente, la más entretenida y divertida que he tenido nunca entre mis manos. Se puede comenzar con cautela, pero basta con leer los primeros capítulos (de los 99 que tiene la obra) para sentirla como propia y "perderle totalmente el respeto". Tengo la sensación de que cualquiera que la lea siente que es la novela que a uno le hubiera gustado escribir, por ser tan cercana a todas nuestras emociones, por latir con semejante viveza y por mostrarnos una representación del todo más absoluto. Ésta es una novela absolutamente popular, lo digo sin ninguna duda, disfrutable por todo tipo de lector e incluso por no lectores, una fiesta de la literatura que nos sorprende por combinar de manera inmejorable lo lúdico y lo profundo.

La férrea construcción y estructura de la obra, que salta de capítulo en capítulo como un caballo de ajedrez sobre un tablero tridimensional de 10x10 no resta un ápice de espontaneidad y ligereza a lo que se cuenta: como diría Godard, una sola historia, todas las historias...

No me extraña nada que Auster y Bolaño hayan sido dos de los grandes admiradores de Perec. La habitual y siempre elogiada forma de narrar del norteamericano, con historias dentro de la historia dentro de la historia, está llevada en este libro a su máxima expresión, evocando a partir de detalles mínimos y en apariencia insignificantes, complejísimas y enormes historias. Un microcosmos que se nos muestra a partir de un instante congelado en el tiempo, a través de un único lugar que, como todos los lugares, puede ser infinito dependiendo de la graduación de la lupa con que se mire. Eso es lo que hace Perec, acercarse y alejarse, meterse en lo más profundo de cada objeto y de cada persona, y después mirarlos desde fuera, como un voyeur insaciable que sólo busca en el placer un modo de vida.

También recuerdo el discurso de Auster en la recepción del Premio Príncipe de Asturias sobre la inutilidad del arte. Seguramente esa sea la idea central de la novela, aunque enfocado más bien a la imposibilidad de huir del fracaso, y a la humilde aceptación del mismo. Hagamos lo que hagamos estamos condenados al fracaso (una novela tan ambiciosa como ésta es el mejor ejemplo) y a la invisibilidad, pero el camino recorrido para ello vale la pena. Que se lo digan a Bartlebooth... Por eso, aunque trágica en el fondo, la novela es muy optimista en su manera de abordar y aceptar la desgracia, y deja una sensación maravillosamente feliz y nostálgica al tiempo. Nostálgica, sobre todo, ante aquello que sabemos que nunca podremos vivir.

No hay palabras que puedan hacer justicia a este libro. Sólo vale correr a la biblioteca y empezar a leer.

Y para quien se extrañe de que 10x10 habitaciones sean 99 capítulos, puede buscar el número 100 en "El gabinete de un aficionado".

Dejo algunos enlaces interesantes:

Georges Perec en El Poder de la Palabra
Construcción de la novela: Cuatro figuras para La vida instrucciones de uso
Artículo de Vila-Matas sobre Bolaño y Perec en Babelia
Tentativas de construir un autor infinito
GEORGES PERÈC O LA LITERATURA COMO ARTE COMBINATORIA
Otra opinión de La vida instrucciones de uso, por Wineruda


Y por último, se me olvidaba, tengo que mencionar una palabra clave en toda la novela, la cual funciona como tal ímplicita y explícitamente: el puzzle.

domingo, abril 01, 2007

Un couple parfait, de Nobuhiro Suwa

Un matrimonio que se desmorona. Un final tranquilo, consensuado, apacible. Todo racionalidad, sin estridencias, nadie debe enterarse. Pero antes de empezar salta la chispa, se rebelan los fantasmas interiores, vienen las dudas, llegan los suspiros que no deben notarse por romper lo inevitable. Se busca culpable, se exorcizan demonios. Llegan los reproches, no importa si justos o injustos; también hay silencios que dicen más que palabras, miradas asesinas en las fiestas, miradas evasivas en la habitación, miradas llorosas arrastrándose por los museos. Hastío vital, desazón existencial.

Suwa mantiene los planos estáticos, los alarga hasta que sentimos que la curiosidad se vuelve angustia y el voyeurismo se transforma en dolor. No es necesario ver qué sucede. Es necesario sentirlo. Podemos otear tinieblas, luces de crepúsculo en dormitorios herméticos, camas separadas por cortinas de resentimiento, voces que se quiebran detrás de puertas cerradas, ojos insomnes humedeciendo la noche... Bosquejar siluetas mientras se dibujan espectros.


Queremos pasear las noches de París sólo para saber que echamos de menos lo que intentamos perder. No ceder, mostrarnos firmes. No aceptar concesiones que nos hagan retroceder, mantener el orgullo a toda costa. Apurar porque sabemos que el otro cederá. Dominar el impulso, contener los anhelos, reprimir los instintos. Decepcionarnos sin admitirlo al encontrar la estancia vacía, al saber que tenemos que buscar más allá del pasillo oscuro. Preguntar a la recepcionista en qué habitación está la mujer con quien compartía mi cuarto...

Valeria Bruni Tedeschi es una actriz inmensa y yo no era consciente de ello. Devora la película, nos devora a nosotros. No es necesario escrutar la expresión de su rostro; nos vale con sus posturas, sus movimientos, el perfume que rezuma. Nos enseña a mirar una escultura de Rodin, a cambiar de vestido, a cambiar de color. A pedir perdón por una cosa mientras nos arrependimos de otra. A rectificar cuando todo está perdido, a darse otra oportunidad aunque ya no valga para nada. A agonizar dos días en un hotel y disimular ante los amigos. A perder una maleta por perdonar lo que sabe que no es capaz de perdonar.

Un couple parfait. Nobuhiro Suwa.
Una joya.

Entrevista a Nobuhiro Suwa en Tren de sombras
Crítica de Un couple parfair en Página/12
Crítica en El camino de Méséglise