sábado, septiembre 29, 2012

Festival de San Sebastián 2012

Bueno, por segundo año consecutivo estamos por aquí y, a falta de ver mañana The bay (que, sinceramente, mirando la carrera de Barry Levinson, no creo que cambie nada), dejo mi lista de favoritos de las 33 películas que he podido ver:

1) Apres mai (O. Assayas)
1) Érase una vez, Verónica (Marcelo Gomes)
3) Penance (Kiyoshi Kurosawa)
4) Foxfire (L. Cantet)
5) La demora (R. Plá)
6) Tú y yo (B. Bertolucci)
7) La sirga (W. Vega)
8) No (P. Larraín)
9) El muerto y ser feliz (J. Rebollo)
10) Shell (S. Graham)

Llama la atención que solo dos de estas películas son de la sección oficial, y las demás se reparten entre Nuevos directores (1), Especiales de Zabaltegi (1), Perlas de Zabaltegi (1) y Horizontes Latinos (4).

Para más información, remito a los twits que he estado mandando estos días desde la cuenta de Detour y a la crónica que saldrá publicada más adelante en la misma revista y que, como el año pasado, será algo especial :)

martes, agosto 21, 2012

Cena de medianoche (1937). Frank Borzage por el cine clásico


Siguiendo el anterior post, quizás el Charles Boyer al que se refería Gena Rowlands en Minnie and Moskowitz sea el elegante Boyer de Cena de medianoche. Recién vista, no soy capaz de recordar otra película más brillante en la sublimación del instante del enamoramiento, en la sincronización de todas sus vertientes, en su propulsión hacia el futuro y en su manera de convertir todo lo que lo rodea en accesorio. En otras películas se habla de la necesidad de prolongar las coordenadas del primer encuentro para contribuir a la forja del mito, pero en pocas se hace con la elegancia de Borzage y en pocas se consigue una reflexión emocional tan clara. Además, Borzage construye una paradoja que cabalga junto a la paradoja del cine clásico en general: el cineasta estadounidense consigue que la película no sea maniquea construyendo los personajes más maniqueos y que la película no sea empalagosa a partir de de la historia más empalagosa posible. Todo ello porque la película no es una película. Es una imagen mental.

Dado que nuestras vidas cotidianas se construyen alrededor de símbolos, nada más eficiente para reforzar el símbolo que su descontextualización. Si el instante mágico de la noche del enamoramiento se produjo a través de una cena proyectada con nocturnidad, como un crimen presentado invisible ante los ojos de los demás, y esa cena era una cena parisina, de langosta, ensalada y champagne, no queda más opción que proyectar ese símbolo más allá de sus propias coordenadas. Una cena de langosta, ensalada y champagne ya no será nunca más una metonimia de un restaurante parisino absolutamente afrancesado. Boyer y Arthur necesitan descontextualizar el símbolo para hacerlo suyo, y llevando esa cena nocturna de París a Nueva York y de allí a la mitad del océano consiguen forjar los símbolos necesarios para que el instante se convierta en la base de un deseo de futuro (lo cual no significa la materialización de su relación en un matrimonio o similar, sino que esta se proyecte en el tiempo). Porque la necesidad de aprehender los símbolos viene de la necesidad de futuro, y cuantos más detalles pasen a formar parte de ese cóctel íntimo más soporte tendrá el mito a través del que construir el porvenir. Si para forjar la identidad de una nación o, más que eso, el corazón de una sociedad, hay que crear una leyenda basada en mitos que pase por encima de la realidad, como decía John Ford, algo similar ocurre con la construcción de una relación íntima. Partimos de la realidad para descontextualizarla, mitificarla, modificarla lentamente hasta convertirla en una proyección onírica de nuestra propia percepción del pasado. En una palabra, sublimarla.

Es la necesaria sublimación del pasado, condensado por la metáfora del instante, por la fuerza del mito, lo que nos permite sobrevivir más allá de las expectativas creadas. Porque una expectativa del presente equivale a una frustración del futuro, y es el mito que sabemos que no está a nuestro alcance lo que nos permite proyectar la expectativa siempre satisfecha, que es la culminación de un deseo inmediato y, por una vez, realizable. Podremos llevar nuestra cena de medianoche a otro punto del planeta, podremos volver a interrogarnos sobre los detalles de aquel instante o podremos cambiar una vez más la esencia del mito que nos mantiene vivos. Ese instante sublimado es el único que, al contrario que el resto de cosas, sobrevive cuando ve mutar su esencia, del mismo modo que ocurría en El hombre que mató a Liberty Valance.

Jean Arthur: ¿Cuándo te enamoraste de mí? ¿Lo recuerdas? El momento exacto
Charles Boyer: En el taxi, la segunda vez que dijiste "Oh" y yo iba a pedirte que nos viéramos mañana.


La verdad de ese instante se construye a lo largo del tiempo. Fuera cual fuera su realidad, la verdad se va enriqueciendo paulatinamente, sin quedar desvirtuada, en una especie de "barroquización mental" en la que un detalle debe superponerse a otro detalle y se van rellenando huecos inexistentes hasta entonces, manteniendo la ilusión de que fue aquello fuera de cierta manera aunque la realidad física o emocional ocurriera de una forma radicalmente opuesta.

Más allá de los logros técnicos de Borzage en esta película, que no son pocos, desde la utilización magistral del primer plano hasta la habilidad para la mezcla de géneros, su principal logro fue crear una película que es una imagen mental, una metáfora perfecta del enamoramiento y del verdadero (por falso) instante eterno, que en ningún caso debe leerse como un relato consecuente o realista. No realista pero si posible, porque es el  hueco de la posibilidad lo que permite que haya espacio para que podamos respirar, para que no nos ahoguemos en la oscura nave de lo cotidiano. No importa lo que sucederá, sino lo que pueda llegar a suceder.

El cine clásico puede ser el culpable de nuestras altas expectativas en la vida, como decía Minnie, pero también puede ser el responsable de nuestra salvación.

sábado, agosto 11, 2012

Minnie and Moskowitz (1971). Cassavetes contra el cine clásico


Seymour Moskowitz adora a Humphrey Bogart.
 

Minnie Moore adora a Humphrey Bogart.


El cine clásico es su evasión, su modo de huir de la rutina, su respiro cotidiano. Ambos lo necesitan para soñar, para aliviar la soledad, para saber que existe algo mejor que lo que ellos viven, para tener un objeto de identificación y un objeto de deseo. Pero también tiene su cara oscura.

Porque el cine clásico los colocó en el disparadero, estimuló su imaginación, sus ambiciones. Jugó con sus expectativas vitales, y pocas cosas hay más peligrosas que jugar con las expectativas.

Él se vio sumergido en la impotencia masculina de no ser como los héroes, de no ser Humphrey Bogart, de no poder  silbar para invocar a la chica de sus sueños, de salvar de una agresión a esa chica de sus sueños y que esta no cayera rendida a sus pies. Nunca podrá ser Humphrey Bogart, y de ahí procede su frustración, su rabia, su agresividad. El cine clásico como frustrada identificación.

Ella vivió el cuento de hadas machista que le prometió el cine clásico, buscando a su Humphrey Bogart, a su Charles Boyer, buceando en la frustración de una neurosis histérica, dándose cuenta de que el edulcorado y bonito machismo del cine clásico nada tenía que ver con el agresivo machismo de la vida cotidiana. No existe un Charles Boyer, no existe un Humphrey Bogart. El cine clásico como frustrado objeto de deseo.


Seymour sale de ver El halcón maltés y sueña ser Humphrey Bogart. Entra en el bar y se encuentra con un conversador agresivo, una realidad sucia. El cine clásico se hace añicos en la calle.

Minnie sale de ver Casablanca y, después de la conversación con su amiga, la espera en casa su amante casado, que le tiene reservada una paliza. El machismo cruza la pantalla, el príncipe azul se torna oscuro. El cine clásico, una vez más, se hace añicos, muestra su cara oculta, revela su trampa, pero esta vez en la intimidad de una casa.

El cine clásico como motor de frustración tanto del objeto de identificación como del objeto de deseo. El cine clásico como tapadera de estrellas, escondiendo defectos, resaltando virtudes. Lo difícil es fácil, la vida se sueña ligera.

Seymour y Minnie van por fin al cine juntos. Se escucha la voz de Humphrey Bogart mientras él compara a Minnie con Lauren Bacall. ¿Es posible encontrar la felicidad? Si lo fuera, nos dice Cassavetes en este personal cuento de hadas, la única vía es rebajar las expectativas, vivir en otro como en nosotros mismos. Ser indulgentes con nuestro Yo y con el Otro. Aprender a escuchar y a escucharnos. Por eso Cassavetes centra los contraplanos en quien escucha mucho más que en quien habla. Minnie busca ser amada cuando debería preocuparse en amar. Seymour busca ser un héroe cuando debería convertir en heroína a quien tiene enfrente. 


Seymour, al final, necesita engañarse para sobrevivir, engañarse igual que nos engaña el cine clásico, y soñar con que es Humphrey Bogart y ha logrado conquistar a su Lauren Bacall. La mujer como trofeo. Desgraciadamente, ella, cómplice, sonríe. ¿Instinto de supervivencia o problema cultural? ¿Posibilismo, inteligencia emocional, o traición a unos principios? ¿Son nuestras vidas los reversos oscuros de un cine imposible, el cine del Hollywood clásico?

¿No es la única forma de amar el cine clásico aprender a odiarlo?

domingo, junio 24, 2012

Resonancias garrelianas: Les amants réguliers y Un Été brûlant

La mirada colectiva, ilusionante, llena de inocencia, sin polución ni prejuicios. La mirada que ama sin barreras, que refugia el fracaso de la política en el triunfo del amor. El nacimiento del amor. La mirada enérgica y vibrante. La mirada que se precipita al vacío al intentar atrapar la luna. La mirada de la juventud de Garrel.


La mirada individual, posesiva, destructora. La mirada contaminada por el egoísmo y la falta de sabiduría. El constante error de intentar ser amado en lugar de amar. La mirada pasiva. La mirada estrellada sin levantar la cabeza. La mirada de Garrel sobre la juventud de hoy. Ya nadie viste de negro en París. Nostálgicos 60.




La condición humana nos llevará al mismo trágico final, por lo que las fuerzas deben dirigirse a la búsqueda del camino más agradable, aquel que se pueda evocar durante el sueño de los justos.
Escenas que nos obsesionan, que nos persiguen, que siempre nos acompañarán. Escenas que consiguen que el gesto y la mirada transmitan las emociones que ningún diálogo podría soñar. Exabruptos del cuerpo, liberación del espíritu. Energía temblorosa, lágrimas convertidas en ojos cerrados y alcohol. Sonrisas, milímetros y balanceos. Consciencia en dispersión. Nuevos códigos, nueva criptografía. Mensajes fáciles de interpretar pero difíciles de sentir. Mensajes que se deben interiorizar pero no pronunciar. Secretos que nos vertebran. Comunión emocional sobre la ruina de las palabras. El fin del lenguaje, como señalaba Alejandro Díaz. Como nos dice y dirá Godard.

Y mientras tanto, Louis Garrel parece destinado a no moverse nunca del sofá.


miércoles, junio 20, 2012

Últimas infidelidades

El ajetreo de las últimas semanas me ha hecho descuidar los enlaces y no he puesto por aquí mis últimas infidelidades a Maud, que vienen acompañadas de recomendaciones, porque se trata de dos nuevos idilios:

Por una parte, tenemos la revista palentina El rayo verde,  ya consagrada en su calidad por sus 5 números anteriores, que en esta ocasión dedica un estupendo monográfico a un viejo conocido de este blog, nuestro querido Hong Sang Soo.  Por mi parte, colaboro con un artículo sobre Woman on the beach y sus resonancias con el cine de Eric Rohmer. La revista se puede leer aquí:


Y por otra parte, una revista nueva, ambiciosa, cultural y no solo cinéfila (que también), Cultvana, a la que le deseamos toda la suerte del mundo en su andadura. En este caso, mi artículo gira en torno a La mamá, la puta y el desencanto.



Buenas lecturas para los que empezáis a disfrutar de la jornada reducida veraniega..., pero también para los que os miramos con envidia. A algunos nos espera un verano de trabajo, pero con la esperanza de sacar ratos (sobre todo durante el mes de agosto) para volver a darle algunas vueltas a esto del cine :)






viernes, abril 27, 2012

Ciclo de cine. Amor, pasión y desencanto: huellas y herencia de La mamá y la puta

Para quienes estéis en Madrid, estamos montando un ciclo en la ETSIT de la UPM (Ciudad Universitaria) en torno a las huellas y herencia de La mamá y la puta, la obra maestra de Jean Eustache. Cada proyección incluirá una breve presentación inicial y un posterior coloquio entre los asistentes. Dejo aquí toda la información:




Amor, pasión y desencanto: huellas y herencia de La mamá y la puta

Hace unos meses se cumplieron 30 años del trágico suicidio de Jean Eustache, autor de una de las películas más importantes e influyentes de la historia del cine, La mamá y la puta (1973, Francia). Este ciclo rastrea algunas de las huellas de la historia del cine que siguió la cinta de Eustache, hija directa de la Nouvelle Vague francesa, pero también del cine clásico de Hollywood.

Amor, pasión, política y desencanto, conceptos sublimados en el Mayo del 68 parisino, encuentran en La mamá y la puta su expresión más íntima, sincera y dolorosa. Una película que cambia la forma de ver el cine y que supone una experiencia desgarradora en lo emocional y en lo intelectual. El espíritu de la película caló en las generaciones posteriores y atraviesa todo el cine contemporáneo.

HUELLAS:

- Jennie (1948, W. Dieterle, EEUU). Viernes 4 de mayo (18:30)

- Jules y Jim (1961, F. Truffaut, Francia). Viernes 11 de mayo (18:30)

- La chinoise (1967, J. L. Godard, Francia). Jueves 17 de mayo (18:30)


- LA MAMÁ Y LA PUTA (1973, J. Eustache, Francia). Viernes 25 de mayo (18:30)

HERENCIA:

- A nuestros amores (1983, M. Pialat, Francia). Viernes 1 de junio (18:30)

- Eyes Wide Shut (1999, S. Kubrick, EEUU). Viernes 8 de junio (18:30)

- Les amants reguliers (2005, P. Garrel, Francia). Viernes 15 de junio (18:30)


Entrada gratuita hasta completar aforo.

Lugar: ETSI de Telecomunicación. Avenida Complutense 30. Ciudad Universitaria. Edificio A. Aula Magna.

Cómo llegar

¡Os espero allí a todos los que podáis! Y os dejo el tráiler promocional del ciclo:


Y también aprovecho para enlazar el magnífico monográfico de Shangrila sobre Jean Eustache.